Mientras distintos puntos de Tucumán amanecen anegados, con calles intransitables, viviendas afectadas y vecinos que intentan sobrellevar las consecuencias de las últimas lluvias, una imagen comienza a circular con fuerza en redes sociales: la del gobernador Osvaldo Jaldo disfrutando de unos días de descanso en Aruba.
La postal, tomada en una playa del Caribe, contrasta con la realidad que atraviesan numerosas familias tucumanas que, una vez más, ven cómo el agua ingresa a sus casas y la circulación urbana se vuelve imposible. Las inundaciones no son un fenómeno nuevo en la provincia: se repiten año tras año y vuelven a poner en discusión el estado de la infraestructura, el drenaje pluvial y la planificación de la obra pública.
Desde el Gobierno provincial no se ha informado oficialmente si el viaje del mandatario coincide con un período de licencia formal ni qué esquema de conducción quedó establecido durante su ausencia. Sin embargo, el debate no gira únicamente en torno a la legalidad del descanso, sino al mensaje político y simbólico que se transmite en un contexto de emergencia social.


En un escenario donde vecinos reclaman respuestas, asistencia y soluciones de fondo, la imagen de un gobernador vacacionando en el exterior reaviva una pregunta recurrente en la sociedad tucumana: ¿cuál es el alcance real del denominado “Estado presente” cuando los problemas estructurales persisten?
Las críticas se multiplican especialmente en redes sociales, donde usuarios vinculan las inundaciones con años de falta de mantenimiento, obras inconclusas o mal ejecutadas y ausencia de políticas preventivas sostenidas en el tiempo. Otros, en cambio, sostienen que una contingencia climática no puede atribuirse exclusivamente a una gestión y que un funcionario también tiene derecho a tomarse descanso.
Lo cierto es que el contexto amplifica el impacto del hecho. En política, las decisiones no solo se miden por su legalidad, sino también por su oportunidad. Y en Tucumán, con el agua aún sin drenar y el malestar social latente, la distancia entre la playa caribeña y los barrios inundados se vuelve algo más que geográfica.
El debate queda abierto. No solo sobre un viaje, sino sobre prioridades, responsabilidades y la capacidad del Estado para anticiparse —o no— a problemas que ya dejaron de ser excepcionales. Otro día en Tucumán, donde la gestión pública vuelve a quedar bajo la lupa de la opinión ciudadana.




