Tucumán Central vivió un alivio tan profundo como contenido. No hubo euforia desmedida ni celebraciones exageradas, pero sí un desahogo indispensable después de una definición que estuvo a punto de quebrar mucho más que un marcador. Jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y simpatizantes pudieron volver a tomar aire tras una final que exigió al límite lo emocional. El “Rojo” regresó a casa y, casi sin pausa, empezó a mirar hacia adelante: el gran objetivo sigue intacto y está a apenas un partido. En Villa Alem nadie piensa en relajarse; el momento exige máxima concentración para ir en busca de la gloria y de una categoría del fútbol argentino que, no hace tanto, parecía un sueño lejano.
El equipo superó una de esas pruebas que no se explican con números ni estadísticas. Estuvo a instantes de dejar escapar una serie que parecía bajo control, recibió un golpe anímico muy fuerte y, aun así, encontró respuestas cuando el margen de error era mínimo. En los penales mostró una templanza difícil de entrenar, una cualidad que suele definir este tipo de instancias decisivas.
“La alegría es enorme. Esto era lo que veníamos persiguiendo desde hace tiempo”, expresó Patricio Krupoviesa, uno de los referentes del plantel, todavía atravesado por la intensidad del momento. “Sabíamos que nos jugábamos todo por este objetivo y, por suerte, se dio”, agregó, con la voz cargada de cansancio y adrenalina, pero ya enfocado en el próximo desafío.
El análisis futbolístico quedará para más adelante. Cuando manda el corazón, el juego pasa a un segundo plano, y Krupoviesa lo dejó en claro. “El partido lo veremos con más calma, pero ahora estamos felices por haber clasificado. Era lo que nos propusimos desde el inicio y lo conseguimos”, señaló. En esas palabras conviven satisfacción, alivio y una firme convicción.
La tanda de penales fue el cierre de una tarde extrema y, al mismo tiempo, el escenario donde Tucumán Central evidenció trabajo y confianza. “Durante todo el año practicamos penales después de los entrenamientos. Llegamos convencidos. Sabíamos que alguna iban a atajar, y así fue”, explicó el defensor, resaltando el papel de Daniel Moyano y la seguridad colectiva en ese momento clave.
Cuando la serie quedó 1-3, el sufrimiento fue generalizado para todos los que llevaban al “Rojo” en el corazón. Bruno Medina lo resumió sin rodeos: “Se sufre igual, adentro o afuera. Acá somos todos uno”. Y sumó una clave del presente del equipo: “El grupo está fuerte y respondió cuando más lo necesitaba”.
Ahora llega la espera. Todo indica que el partido más esperado de los últimos años en Villa Alem, con el ascenso al Federal A como premio, se disputaría el 15 de febrero. Aún resta conocer el rival y la sede, datos que se definirán una vez concluidas las otras regiones y tras el sorteo del Consejo Federal de la AFA.
Mientras tanto, el plan no se altera. “Vamos a seguir entrenando como siempre. Este tiempo sirve para recuperar a los que están cargados y esperar. Sea quien sea el rival, lo vamos a enfrentar de la mejor manera. Hay que seguir por este camino”, afirmó Krupoviesa.
Medina cerró con una imagen que resume todo el recorrido: “Es el sueño de todos, desde el utilero hasta los jugadores. El único objetivo es llegar”.
Tucumán Central parece haber dejado atrás la prueba más incómoda, esa que exigía no caerse cuando todo empujaba en contra. Falta una más. Pero en Villa Alem ya entendieron, después de lo vivido en Perico, que estos partidos decisivos también se juegan con la cabeza.




