Las lluvias que azotaron a la provincia en los últimos días volvieron a poner de manifiesto la fragilidad de la infraestructura en el interior tucumano. Esta vez, el escenario del desastre se sitúa en el departamento Burruyacu, específicamente en el área de Villa Benjamín Aráoz. En el sector conocido como el Camino del Cajón, las rutas rurales literalmente desaparecieron bajo la fuerza del agua acumulada.
El registro visual es contundente: lo que debería ser una vía de circulación para vehículos y trabajadores rurales se ha transformado en un río de importante caudal. La corriente atraviesa la calzada con una fuerza que hace que cualquier intento de cruce sea una apuesta de alto riesgo para los conductores. Esta situación no solo afecta la actividad económica de una zona netamente agrícola, sino que corta el vínculo básico de los habitantes con los centros urbanos.
Un peligro sanitario y social para el interior
El estado de estos caminos representa un riesgo directo para la vida de las personas. En una región donde las distancias son considerables, quedar cercado por el agua significa perder el acceso a servicios de salud ante cualquier emergencia médica. Los vecinos advierten que la falta de obras de canalización y el mantenimiento nulo de las banquinas convierten cada tormenta en una inundación inevitable que deteriora el asfalto y crea socavones ocultos bajo el agua barrosa.
El reclamo por obras estructurales en Villa Benjamín Aráoz
Mientras el agua continúa bajando con fuerza por el Camino del Cajón, el pedido de la comunidad local es urgente. Los pobladores exigen soluciones que excedan el simple bacheo temporal; reclaman una intervención de vialidad que permita que los caminos soporten el régimen pluvial de la provincia. La recurrente falta de previsión estatal en estos sectores genera una profunda sensación de abandono entre quienes, cada vez que llueve, ven cómo su único medio de conexión con el resto de Tucumán se desvanece bajo la corriente.




