A pocos días del inicio del ciclo lectivo 2026, un informe nacional volvió a poner el foco en la cantidad de horas de clase previstas para la escuela primaria y encendió señales de preocupación en varias jurisdicciones. El estudio, titulado “Calendarios escolares 2026: horas de clases y planificación provincial del año escolar” y elaborado por la organización Argentinos por la Educacion, advierte que siete provincias no garantizarían el piso mínimo anual de 760 horas para una porción considerable de sus estudiantes.
Entre esas jurisdicciones se encuentran Santa Cruz, La Rioja, Río Negro, Tucumán, San Juan, Buenos Aires y Chubut. Según el relevamiento, en total 718.712 alumnos quedarían por debajo del umbral establecido por el Consejo Federal de Educacion (CFE).
El caso Tucumán
En el caso tucumano, el documento señala que el 72% de los estudiantes de nivel primario no alcanzaría el mínimo anual de 760 horas de clase. Frente a estos datos, el Ministerio de Educación provincial elabora un informe propio con estadísticas oficiales y se prevé que se pronuncie públicamente en las próximas horas.
El trabajo fue desarrollado por los especialistas Gustavo Zorzoli, María Sol Alzú y Tomás Besada y se centra en los calendarios oficiales diseñados por los ministerios provinciales, no en su cumplimiento efectivo. Para estimar las horas de clase, se contabilizaron los días programados entre el inicio y el cierre del ciclo lectivo en cada distrito, descontando feriados nacionales y provinciales y el receso invernal.
En un segundo escenario, el análisis restó además las jornadas institucionales sin actividad con alumnos. A ello se sumó la duración de la jornada simple en cada provincia —que oscila entre cuatro y cinco horas— y la proporción de estudiantes que asiste a esa modalidad, según el Relevamiento Anual 2024.
Días planificados y brecha con la realidad
El informe subraya que en la Argentina no existen registros oficiales sobre la cantidad real de días y horas efectivas de clase. “Son días planificados, no necesariamente los que después los chicos están en la escuela. Hay una brecha entre lo programado y lo real por paros docentes, ausentismo estudiantil y docente o problemas edilicios y climáticos”, explicó Pablo Mainer, referente de la organización.
En materia normativa, el CFE fijó un mínimo de 190 días de clases, superando el piso de 180 días establecido por la Ley 25.864 en 2003. A su vez, la Resolución 484/2024 dispuso que cada jornada efectiva en primaria debe contemplar al menos cuatro horas reloj de actividad pedagógica y que los calendarios deben asegurar un total de 760 horas anuales.
Sin embargo, los calendarios oficiales indican que sólo tres jurisdicciones llegarían en 2026 a los 190 días: Santiago del Estero (192), San Luis (191) y Mendoza (190). “Cuando analizamos lo planificado se podría decir que ya estamos empezando mal. Solamente tres provincias alcanzan los 190 días”, advirtió Mainer.
El análisis también muestra que hay 14 provincias que no cumplirán la meta de 190 días, aunque sí llegarán a las 760 horas gracias a jornadas superiores a cuatro horas diarias. En paralelo, 23 jurisdicciones cumplirán con el mínimo legal de 180 días fijado en 2003, con la excepción de Catamarca, que proyecta 178 días de clases.
El desafío de la asistencia
En términos generales, el promedio nacional de días planificados evidenció una recuperación tras la pandemia: pasó de 178 días en 2020 a 187 en 2024. No obstante, retrocedió a 185 en 2025 y se mantiene en ese mismo nivel para 2026. De las últimas siete cohortes analizadas, sólo en 2024 las 24 jurisdicciones diseñaron calendarios ajustados al mínimo legal de 180 días.
Desde la organización remarcan que la extensión del tiempo escolar no es el único elemento que determina la calidad educativa, aunque sí constituye una condición básica para el aprendizaje. “El tiempo no es el único factor a evaluar, pero suele ser bastante determinante: que los chicos estén la mayor cantidad de tiempo en la escuela es el puntapié para planificar y pensar la escuela”, sostuvo Mainer.
En materia de cobertura, el país mantiene niveles cercanos al 100% de matrícula en primaria. El desafío, según el informe, radica en la asistencia efectiva. El ausentismo estudiantil comienza a emerger como un problema que ya no se limita al nivel secundario.
“Tenemos información de que el ausentismo estudiantil está empezando a ser un problema no solo en la secundaria, donde es más frecuente y desde hace más tiempo, sino que también se está trasladando a la escuela primaria”, explicó el especialista.
En el nivel medio, agregó, la mitad de los estudiantes acumula más de 20 inasistencias anuales, lo que equivale a cerca de un mes de clases perdidas. Para Mainer, este fenómeno responde en parte a un cambio cultural en torno al valor social de la escuela: “Se ha perdido a nivel social la importancia que tenía la escuela. El vínculo familia-escuela hace que la asistencia sea un poco más laxa. Hay que recuperar la idea de que faltar sea algo excepcional”.




