Tras la viralización de las imágenes que conmocionaron a Tucumán, la adolescente detenida en el barrio «La Bombilla» rompió el silencio. En una entrevista, la joven de 13 años relató el calvario que vivió el pasado 22 de febrero. Según su testimonio, lo que comenzó como un intento de documentar su realidad terminó en una situación de violencia y encierro que todavía no logra procesar.
La menor explicó que su única intención era registrar un operativo de desalojo para sus redes sociales. «Estaba haciendo un vivo», afirmó, desmintiendo las versiones que sugerían agresiones de su parte. Sin embargo, en pocos segundos, la situación escaló y se encontró reducida por dos efectivos policiales.
El relato de las horas de encierro
La adolescente describió con precisión la angustia que sintió al ser tratada como un adulto en medio de un operativo de seguridad:
- El momento de la detención: Aseguró que fue interceptada por la espalda y esposada de inmediato. A pesar de los pedidos de los vecinos, quienes advertían a los gritos que era una niña, los policías la subieron por la fuerza a un móvil del 911.
- La incomunicación: Durante el traslado y las horas posteriores, manifestó haber sentido un miedo paralizante. «No sabía a dónde me llevaban», relató. Su familia pasó cuatro horas recorriendo comisarías sin recibir ninguna información oficial sobre su paradero.
- El trato en el hospital: El punto más crítico fue su aparición en el Hospital Avellaneda. Allí, otras personas registraron que seguía esposada a una camilla y bajo una estricta custodia policial, una imagen que generó un repudio masivo en las redes.
Consecuencias físicas y emocionales
Más allá de los rasguños y golpes leves que sufrió durante el forcejeo, la joven hizo hincapié en el daño psicológico. Negó rotundamente haber roto un vidrio de un patrullero, la supuesta causa de su demora, y lamentó que nunca le explicaran formalmente sus derechos ni por qué estaba pasando por eso.
Su futuro en las redes
La adolescente, conocida por mostrar el día a día de su barrio, hoy se siente vulnerable. «Todavía no sé si voy a volver a hacer videos», confesó. Por el momento, su prioridad es retomar sus estudios y recuperar la tranquilidad en su entorno familiar, mientras la justicia intenta esclarecer las irregularidades de un operativo que ignoró por completo los protocolos de protección a la niñez.




