La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Mientras avanzan investigaciones judiciales que involucran a su presidente Claudio “Chiqui” Tapia y al tesorero Pablo Toviggino, la Selección argentina —vigente campeona del mundo— comienza a marcar una distancia silenciosa frente al escándalo.
Aunque no hubo pronunciamientos públicos de los jugadores, distintas señales evidencian un cambio de clima. La ausencia de Lionel Messi en las actividades institucionales de la AFA tras el sorteo del Mundial en Washington fue una de las más notorias. Tapia viajó a la consagración del Inter Miami a comienzos de diciembre, pero regresó sin la esperada foto con el capitán argentino, en un contexto donde las críticas a la dirigencia empezaron a rozar también a los futbolistas.
Un escándalo que salpica al campeón del mundo
Las investigaciones en curso apuntan a presuntas maniobras de corrupción, tráfico de influencias y desvíos de fondos, que habrían beneficiado a empresas privadas vinculadas a dirigentes del fútbol argentino. Uno de los focos principales es TourProdEnter LLC, la firma que gestiona los derechos comerciales de la AFA en Estados Unidos, que entre enero y septiembre de 2025 transfirió 5,7 millones de dólares a Sports NextGen Ltd., empresa que controla al club italiano Perugia y cuyo accionista principal es Javier Faroni.
El entramado despertó sospechas dentro y fuera del país, especialmente por la falta de transparencia sobre el destino final de esos fondos y la posible existencia de otros beneficiarios ocultos.
Silencio y distancia en el vestuario
Dentro de la Selección, el clima es de incomodidad. Los futbolistas mantienen una relación cordial con Tapia, pero no así con Toviggino, una figura ajena al fútbol profesional y cada vez más ligada a la política. La tradición del grupo es no intervenir en cuestiones dirigenciales, y mucho menos confrontar públicamente. Sin embargo, el distanciamiento se percibe en gestos: menos encuentros informales, menos cercanía y un mayor hermetismo.
Además, los campeones del mundo no pasan por alto que los premios obtenidos tras el título en Qatar se pagaron en pesos y en cuotas, mientras la AFA organizaba partidos internacionales en plazas menores con importantes ingresos. “El dinero de la AFA no es público, pero tampoco pertenece a quienes la gobiernan”, deslizó una fuente del entorno del seleccionado.
Impacto político y comercial
El escándalo también golpea la imagen institucional de la AFA. Empresas y grupos de medios comenzaron a tomar distancia. Incluso un importante empresario argentino del sector de las comunicaciones rechazó una oferta de derechos de transmisión realizada por la entidad, por considerar que asociarse a una organización bajo investigación no es una estrategia conveniente.
En paralelo, el tema fue capitalizado por el Gobierno nacional, que impulsó críticas públicas cuando el malestar social con la dirigencia del fútbol empezó a hacerse visible en las tribunas, donde los insultos a Tapia se volvieron tan frecuentes como los cánticos de celebración.
Un futuro incierto
Mientras Tapia y Toviggino continúan en sus cargos amparados por el principio de inocencia, la presión política, social y deportiva no deja de crecer. También quedan bajo la lupa viejas declaraciones de dirigentes y vínculos con figuras del oficialismo, como Sergio Massa, lo que podría ampliar aún más el alcance de la causa.
La AFA campeona del mundo supo concentrar poder, prestigio y respaldo popular. Hoy, ese capital simbólico comienza a erosionarse. Y aunque el fútbol argentino sigue brillando dentro de la cancha, fuera de ella se juega un partido mucho más complejo: el de la credibilidad institucional.




