Jordi Juvanteny y José Luis Criado son dos nombres históricos del Rally Dakar. Con 33 ediciones disputadas juntos, los españoles atraviesan una nueva participación en la mítica competencia, hoy en Arabia Saudita, pero cargando en la memoria una de las experiencias más extremas vividas en el continente africano: en 1997 fueron secuestrados a punta de fusil en Mauritania mientras competían.
El dramático episodio ocurrió en un sector conocido como “El Paso de los Elefantes”, entre las localidades de Nema y Tichit, una zona desértica y de alta peligrosidad. Allí, un grupo de hombres armados interceptó a los competidores cuando caía la noche.
“Nos subieron a punta de fusil a Jordi, a mí y a otro compañero. Pensábamos que además de robarnos, nos iban a aniquilar. Fueron momentos muy delicados”, relató Criado, hoy con 68 años. “Hubo instantes en los que creíamos que se terminaba todo. Por suerte, nos dejaron marchar. Hoy queda como un recuerdo duro, pero seguimos vivos para contarlo”.
Juvanteny, de 65 años, recordó que la situación se volvió aún más tensa por la cantidad de personas involucradas:
“Era un cuello de botella. Aparecieron hombres con fusiles, nos bajaron del camión y nos dejaron en el suelo con mucha más gente alrededor. La pasamos realmente mal, pero sobrevivimos. Una anécdota más de tantas que dejó el Dakar”.
A pesar del trauma, ambos coinciden en que la competencia marcó sus vidas de forma profunda. “El Dakar es una escuela de vida. De cada situación, incluso de las más duras, se aprende”, sostuvo Juvanteny.
El recuerdo imborrable de Sudamérica
Tras décadas compitiendo en África, Juvanteny y Criado también vivieron la era sudamericana del Dakar, una etapa que recuerdan con especial cariño, en particular su paso por Argentina.
“La pasamos muy bien. La tierra argentina es bellísima y la gente es increíblemente acogedora”, destacó Criado. Su compañero agregó que paisajes como las dunas de El Nihuil en Mendoza o los caminos de Ingeniero Jacobacci, en Río Negro, quedaron grabados para siempre en su memoria.
Pero lo que más los impactó fue la respuesta del público. “Cuando llegamos a Buenos Aires fue apoteótico. No podíamos caminar por la calle. La gente colapsaba las autopistas, salía en masa a vernos. Para nosotros fue algo totalmente nuevo”, recordaron.
Hoy, en Arabia Saudita, el Dakar volvió a tener menos público en los tramos, algo más parecido a la experiencia africana. Sin embargo, ambos saben que lo esencial sigue intacto: la pasión por competir.
“Si hay gente es más lindo, pero lo importante es correr. El Dakar nos dio mucho más que una carrera: nos permitió conocer culturas, paisajes y personas que de otro modo nunca hubiéramos conocido”, concluyó Criado.
A más de tres décadas de su primera largada, Juvanteny y Criado siguen escribiendo historia en una de las pruebas más duras del planeta, con el mismo espíritu que los llevó a superar incluso los momentos en los que creyeron que no volverían a casa.



