Este sábado 7 de febrero se cumplen 9 años de la histórica Hazaña de Quito del Club Atlético Tucumán, cuando clasificó a la siguiente fase de la Copa Libertadores tras vencer 1-0 a El Nacional. Era un partido histórico para El Gigante del Norte, pero todo lo que pasó en la previa del cruce de vuelta lo convirtió en una verdadera hazaña sin precedentes: demoras burocráticas en Guayaquil forzaron al plantel a viajar a último momento, salir a la cancha sin calentar y con camisetas prestadas por la Selección Argentina Sub 20.
Una de las páginas más gloriosas de la historia de Atlético se terminó de escribir aquella noche cuando Fernando Zampedri conectó aquel centro de Fernando Evangelista para festejar con la 9 de Lautaro Martínez en su espalda y conseguir la clasificación a la siguiente ronda tras el 2-2 en la ida en el José Fierro.
Aquella tarde, el plantel debía trasladarse de Guayaquil a Quito, pero la imposibilidad de utilizar el vuelo previsto obligó a dividir a los futbolistas. Cuando finalmente arribaron al estadio, apareció el obstáculo más inesperado de todos: no estaban las camisetas. La salida fue recurrir a la ropa de la Selección argentina Sub 20 que disputaba el Sudamericano en esa misma ciudad.
La imagen recorrió el continente. Atlético salió a jugar vestido de celeste y blanco en un partido decisivo frente a El Nacional. En medio del desorden previo, el equipo encontró respuestas dentro de la cancha. Un cabezazo de Fernando Zampedri decretó el 1-0 y selló el pase, coronando una travesía que quedó guardada entre las páginas más fuertes de la institución.
Después del encuentro, esas camisetas regresaron al seleccionado juvenil. Los jugadores se quedaron sin el recuerdo material de una jornada que todos querían conservar. Di Plácido lo contó tiempo más tarde y confesó que la respuesta fue negativa cuando pidieron quedarse con ellas.
El fútbol, sin embargo, suele ofrecer segundas oportunidades. Años después, ya en otro club, el lateral compartió plantel con Tomás Belmonte, integrante de aquella Sub 20. Ahí apareció la sorpresa ya que una de las remeras utilizadas en Quito le pertenecía al mediocampista. La reacción fue inmediata y acordaron un intercambio por una camiseta de Atlético de ese momento.
Así, la prenda terminó viajando con Di Plácido. La guarda en su casa y la considera un tesoro personal. Entiende, incluso, que probablemente sea el único de los que participaron de ese partido que logró recuperarla. La anécdota suma otra coincidencia. Belmonte había llegado a ese seleccionado a último momento por la lesión de Kevin Mac Allister, otro detalle que alimenta el carácter extraordinario de toda la cadena de sucesos.
Ya instalado nuevamente en Tucumán, el defensor mira esa camiseta como un puente entre tiempos. Haberla usado en Ecuador, reencontrarse años después con su dueño y regresar al club le da a la historia un sentido especial. Nueve temporadas más tarde, la Hazaña de Quito sigue creciendo, ahora enlazada con un presente que devuelve protagonistas y renueva la emoción.



