El Senado de la Nación se encamina a una votación de final abierto y Tucumán tiene la llave de la definición. En el centro de todas las especulaciones se encuentra Sandra Mendoza, quien decidió mantener su postura bajo un estricto secreto, rompiendo el hermetismo únicamente para lanzar una advertencia que resuena en la Casa Rosada: su voto será «como siempre, a favor de los trabajadores».
Esta definición encendió las alarmas en el oficialismo nacional y en la propia gobernación tucumana. Mendoza dejó claro que no aceptará presiones para votar a ciegas. La senadora cuestionó que las modificaciones de último momento en 30 artículos del proyecto llegaran en sobre cerrado, impidiendo un análisis previo. Ante este escenario, su estrategia es esperar hasta el último minuto para revelar su decisión, una disyuntiva que la posiciona como una de las figuras más influyentes de la jornada.
La presión de Jaldo y el factor económico
Mientras Mendoza guarda sus cartas, el gobernador Osvaldo Jaldo se encuentra en Buenos Aires en una misión de alta intensidad. El mandatario provincial busca garantizar a la Nación los votos necesarios para aprobar la ley, pero con una contraprestación innegociable: el depósito de los recursos que le corresponden a Tucumán para hacer frente a las paritarias y gastos urgentes de la provincia.
La postura de Mendoza introduce un elemento de incertidumbre en la negociación de Jaldo. Mientras Beatriz Ávila se encamina a un apoyo alineado al Ejecutivo provincial y Juan Manzur ya ratificó su rechazo junto al bloque kirchnerista, el voto de Mendoza es el único que permanece en las sombras.
Debate artículo por artículo
La senadora fue enfática en que no quiere una votación cerrada de «sí o no», sino que exige debatir el articulado de manera individual. Esta exigencia de transparencia pone en peligro los puntos más sensibles de la reforma laboral que el Gobierno nacional pretende aprobar sin mayores dilaciones.
Para muchos analistas, el «voto a favor de los trabajadores» que promete Mendoza es un guiño directo a la negativa, lo que obligaría al oficialismo a buscar apoyos de último momento para evitar un fracaso legislativo. La sesión de este miércoles no solo definirá una ley, sino que marcará el pulso de la relación política entre los representantes tucumanos y el poder central.




