En una Ciudadela colmada y con clima de fiesta, San Martín de Tucumán inició su camino en la Primera Nacional con un empate frente a Patronato, en un encuentro que terminó marcado por un insólito corte de energía.
El “Santo” intentó asumir el protagonismo desde el arranque, aunque se encontró con un rival bien plantado, ordenado y con el sello de experiencia de su entrenador, Rubén Forestello. El trámite fue cerrado, con escasas situaciones de riesgo. La más clara del primer tiempo llegó tras una gran acción individual de Cisnero, que habilitó a Borasi por la banda; el extremo remató al arco cuando Pons esperaba solo por el centro para definir.
En el complemento, el desarrollo no varió demasiado: fricción, pocas llegadas y mucha disputa en la mitad de la cancha. Los ingresos de Kevin López y el “Turbo” Rodríguez le dieron algo más de dinámica y profundidad por el sector derecho. Gonzalo Rodríguez contó con la oportunidad más nítida, pero su potente disparo fue contenido por el arquero Sosa.
En el tramo final, los últimos 15 minutos mostraron la mejor versión del conjunto tucumano, empujando más con actitud que con claridad futbolística. El equipo fue al frente y dejó una imagen de entrega que el público reconoció con aplausos.
Cuando el partido se encaminaba al tiempo adicional, a los 89 minutos, un corte de luz obligó al árbitro Darío Gariano a suspender el encuentro tras casi media hora de espera.
Más allá del resultado, quedó la sensación de un equipo en construcción, que necesitará rodaje para encontrar su mejor versión. Lo cierto es que la fiesta volvió a las tribunas y la ilusión ya está en marcha en Bolívar y Pellegrini.




