De niña, en lugar de una muñeca, pidió una escoba voladora. Su abuelo, lejos de desilusionarla, le regaló una avioneta Cessna. Con apenas 12 años, Sabrina González Pasterski comenzó a reconstruir esa aeronave con sus propias manos y a los 16 ya cruzaba las nubes con su licencia de piloto. Hoy, esa misma curiosidad la llevó de los cielos de Chicago a las pizarras de Harvard y el MIT, donde busca resolver el enigma definitivo: cómo funciona realmente el Universo.
Hija de una migrante cubana y un padre estadounidense, esta física teórica de 32 años es señalada por muchos como «la nueva Einstein», aunque ella prefiere la cautela. Su trabajo no se detiene en lo observable; Sabrina explora la holografía celestial, una rama de la física que intenta unificar la relatividad general de Einstein con la mecánica cuántica.
El respaldo de Stephen Hawking
Su brillantez no pasó desapercibida para los grandes genios de nuestro tiempo. En 2015, Sabrina codescubrió el Spin Memory Effect, un fenómeno relacionado con las ondas gravitacionales que fue citado por el mismísimo Stephen Hawking.
«Disfruté mucho de esa idea de ver cómo algo se une, cómo cosas muy pequeñas se suman para formar algo», explica Pasterski, resumiendo su visión del cosmos: un rompecabezas de leyes físicas que ella intenta comprimir en una sola teoría.
¿Vivimos en un holograma?
Desde el prestigioso Instituto Perimeter en Canadá, Sabrina lidera una investigación que parece ciencia ficción pero es ciencia pura: la posibilidad de que nuestro Universo tridimensional sea, en realidad, la proyección de un holograma bidimensional.
«¿Cómo se codifica el Universo físico como un holograma?», se pregunta la científica. Su objetivo es encontrar un conjunto de leyes fundamentales que expliquen desde el comportamiento de los agujeros negros hasta la estructura misma del espacio-tiempo.
Una carrera de excelencia
A pesar de haber sido rechazada inicialmente por el MIT y Harvard, Sabrina terminó graduándose con el mejor promedio de su promoción y doctorándose bajo la dirección de Andrew Strominger. Hoy, además de su labor investigadora, ha colaborado con gigantes como la NASA, Boeing y el CERN, consolidándose como una de las mentes más brillantes de la física de altas energías.
Lejos de buscar el estrellato mediático, Sabrina mantiene los pies en la tierra (aunque su mente siga en las estrellas), convencida de que la ciencia es un esfuerzo colectivo donde lo importante no son las «estrellas» individuales, sino las respuestas que logramos encontrar juntos sobre el origen de todo lo que vemos.




