Cristian Alejandro González no puede olvidar los gritos que escuchó el lunes pasado en la orilla del Río Salí. El joven tucumano protagonizó un rescate heroico para salvar a un chofer de colectivos que se ahogaba. En medio de la desesperación, Cristian decidió lanzarse al agua ante la mirada de los testigos. Su testimonio revela los minutos de angustia y el pedido de auxilio que le dio fuerzas para completar la hazaña.
El grito que cambió todo
Cristian llegó al río y se encontró con una situación desesperante. Un hombre luchaba contra la fuerza de la corriente mientras perdía sus últimas energías. Según el joven, la víctima repetía una frase que todavía resuena en su cabeza: “Ayudame, no me quiero morir, por favor ayudame”. Ese pedido desesperado impulsó a González y a sus amigos a actuar de inmediato para evitar una tragedia.
El joven recordó con desconcierto que, a pesar de la presencia de policías y bomberos en el lugar, nadie se tiraba al cauce. Ante la inacción de los uniformados, Cristian y otros dos jóvenes asumieron el riesgo. Sin equipo profesional, González alcanzó al hombre en medio del río mientras sus compañeros colaboraban desde la orilla para asegurar la maniobra.
Una lucha cuerpo a cuerpo contra el río
El rescate no fue sencillo debido a la potencia del agua. Cristian logró sujetar a la víctima y, junto a otro colaborador, le colocó un arnés de seguridad. El joven destacó que la tensión era total mientras intentaban estabilizar al chofer. Finalmente, gracias al esfuerzo de los vecinos y al apoyo desde la parte superior del cauce, lograron sacar al hombre con vida.
Para González, el momento del rescate quedará grabado para siempre por el impacto emocional. El joven resaltó que actuó por instinto ante la urgencia de salvar una vida que se escapaba. Hoy, su relato pone en evidencia la solidaridad de los vecinos tucumanos que no dudaron en intervenir cuando los protocolos oficiales parecieron detenerse.




