Nicolás Mattioli es el hijo del histórico referente de la música tropical Leo Mattioli, una de las voces más populares del género en Argentina. Su nombre volvió a ocupar el centro de la escena pública tras ser condenado por un accidente vial ocurrido en septiembre de 2024, en el que murió la ciclista Claudia Decurgez.
Un legado musical marcado por la pérdida
En 2011, cuando tenía apenas 18 años, Nicolás enfrentó uno de los momentos más duros de su vida: la muerte de su padre. A partir de entonces decidió continuar su legado artístico y lanzó su carrera solista dentro del circuito de la música tropical, con un estilo que combinó ritmos bailables y baladas románticas.
Un año después presentó “Una carta al cielo”, su primer disco como solista y un homenaje directo a su padre. Ese trabajo le permitió comenzar a recorrer escenarios del interior del país y a construir su propio público.
El disco que lo consolidó
En 2013 editó “Yo soy tu sangre, mi viejo”, un álbum íntegramente dedicado a la figura de Leo Mattioli. El material incluyó versiones de los grandes éxitos del “León Santafesino” interpretados por Nicolás junto a su nueva banda. El disco fue clave para afianzar su lugar dentro del género y obtuvo el Premio Carlos Gardel en la categoría Mejor álbum nuevo de un artista tropical.
Desde entonces, su carrera tomó impulso. A partir de 2014 realizó numerosas presentaciones en Buenos Aires y extensas giras por todo el país.
Carrera propia y continuidad artística
En 2015 lanzó “Siguiendo tus pasos”, un álbum compuesto íntegramente por canciones nuevas que marcaron un quiebre respecto de los homenajes iniciales. Temas como “Qué nos pasa” y “Un solo paso” mostraron una identidad musical propia. Desde ese momento, Nicolás mantuvo una actividad constante, con nuevos discos y presentaciones en vivo de manera ininterrumpida.
El accidente y la condena judicial
La trayectoria artística de Mattioli quedó atravesada por el accidente vial ocurrido en septiembre de 2024, que provocó la muerte de Claudia Decurgez. Tras el proceso judicial, la Justicia dictó una condena que incluye siete años de inhabilitación para conducir y una restricción perimetral con los familiares de la víctima.
Mientras cumple con las disposiciones judiciales, Nicolás Mattioli continúa con su actividad musical, sosteniendo una carrera que, desde sus inicios, estuvo marcada por el peso del apellido, el éxito artístico y ahora también por una causa judicial que dejó una huella profunda en su historia personal y pública.




