Este miércoles, la Plaza Independencia de Tucumán dejó de ser un lugar de paso para convertirse en un escenario de lucha. Miles de trabajadores de distintos sectores —docentes, estatales, movimientos sociales y empleados del sector privado— se unieron en un solo reclamo: frenar la reforma laboral que se debate en el Senado.
Con el calor tucumano y al ritmo de los bombos, la consigna que atraviesa la movilización es clara: lo que el Gobierno nacional presenta como una «modernización», las bases lo perciben como un retroceso de un siglo en materia de derechos. Las pancartas rezan consignas contra la precarización y el miedo latente a la pérdida de la estabilidad laboral.
El sentimiento en la plaza
Más allá de las cúpulas sindicales, el ánimo de los manifestantes refleja una profunda preocupación por el costo de vida y la incertidumbre que genera el articulado de la ley. «No estamos acá por un partido, estamos acá para que mañana no nos puedan echar sin pagarnos lo que corresponde o para que no nos obliguen a trabajar 12 horas», comentó uno de los manifestantes.
La movilización en Tucumán es una de las réplicas más potentes de lo que ocurre en todo el país. Los videos que circulan en redes sociales muestran la magnitud de la convocatoria, con columnas que se extienden por varias cuadras antes de ingresar a la plaza principal de la provincia.
Un mensaje para los senadores
La presión social en las calles tucumanas busca llegar directamente a los oídos de los representantes de la provincia en la Cámara Alta. En los discursos de los oradores centrales, hubo menciones constantes a la responsabilidad histórica de los senadores locales, exigiéndoles que no voten «a ciegas» ni «a sobre cerrado» una reforma que impactará directamente en la vida cotidiana de miles de familias tucumanas.
La jornada continuará con una permanencia en la plaza mientras se monitorea minuto a minuto lo que sucede en el Congreso, en un miércoles donde la calle y el recinto legislativo parecen hablar idiomas distintos.



