La causa por el crimen de Érika Antonella Álvarez (25) sumó un dato que podría resultar determinante para establecer el móvil del hecho. Sus familiares aportaron a la justicia una pista clave: la joven habría sido amenazada días antes de su muerte. Este indicio busca ser contrastado por los investigadores para determinar si existen otros implicados más allá de Felipe “El Militar” Sosa, el único detenido hasta el momento.
Según el relato de la familia, Érika les pidió ayuda para identificar a una persona a través de las redes sociales debido a estas intimidaciones. Aunque el contenido y el autor de los mensajes se mantienen bajo estricto hermetismo, la fiscalía analiza si el conflicto estaba vinculado a su relación con el imputado o a su entorno cercano, marcado por la vulnerabilidad y el consumo de sustancias.
Puntos clave de la investigación actual:
- Pruebas genéticas: El Equipo Científico de Investigaciones Fiscales (ECIF) confirmó el hallazgo de muestras biológicas en el cuerpo de la víctima. Estos restos serán sometidos a cotejos de ADN para confirmar la presencia de Sosa o identificar a posibles terceros.
- Cambio de fiscalía: A partir del lunes, el fiscal Pedro Gallo asumirá el control de la instrucción. Será el cuarto funcionario en intervenir en el expediente y ya inició el proceso de traspaso junto a su par, Marcelo Leguizamón.
- Hipótesis cruzadas: Mientras la querella, liderada por Carlos Garmendia, sostiene que no se puede descartar la participación de cómplices en el femicidio o en el posterior encubrimiento, el entorno de Sosa defiende su falta de antecedentes violentos y vincula su situación estrictamente a sus problemas de adicción.
Érika fue vista por última vez el 6 de enero cuando se dirigía a Yerba Buena. Su cuerpo fue hallado días después en un descampado, y desde entonces, la justicia intenta reconstruir las últimas horas de la joven para esclarecer un crimen que aún tiene preguntas sin responder.




