Tras la muerte del Papa Francisco, siguen saliendo a la luz detalles que explican las decisiones más polémicas de su vida. Guillermo Karcher, su colaborador más cercano durante tres décadas, reveló finalmente la razón por la cual Jorge Bergoglio nunca regresó a su país. Según relató, el pontífice le confió una frase tajante apenas asumió: “Me tuvieron 76 años, ahora me toca servir al mundo”.
Esta declaración marcó un punto de inflexión. Para Francisco, su misión en Argentina había terminado al cumplir la edad de jubilación. Al ser elegido en el Vaticano, entendió que su nuevo rol le exigía una mirada global. Karcher confesó que, tras escuchar esa respuesta, decidió no volver a insistir sobre un posible viaje al país.
Un vínculo de confianza absoluta
Karcher y Bergoglio forjaron su relación en 1992 en la Catedral de Buenos Aires. Durante 33 años, mantuvieron un trato familiar que continuó en Roma. El colaborador recordó la sencillez del Papa, quien incluso bromeaba sobre su jerarquía. Francisco siempre le pedía que se ocupara de recibir a los argentinos que llegaban a la Santa Sede.
El criterio del Papa para las audiencias era la apertura total. «A mí no me interesa conocer el currículum de ninguno», decía Francisco. Bajo esa premisa, recibió a figuras de todos los sectores, desde Cristina Kirchner hasta Javier Milei, con quien mantuvo un trato muy cordial en su última visita.
El legado del «párroco del mundo»
El testimonio de Karcher destaca la vocación de servicio que definió el pontificado del argentino. Francisco eligió enfocarse en las periferias y en las grandes problemáticas sociales del planeta. En lugar de regresar a su tierra natal, prefirió sembrar procesos de cambio en lugares postergados.
Hoy, sus palabras resuenan como una explicación final para un pueblo que esperó su regreso durante años. Francisco decidió ser el «párroco del mundo» y llevar su mensaje más allá de las fronteras nacionales. Su decisión de no volver fue, en definitiva, un acto de entrega total a su misión global en la Iglesia Católica.cisco en su país. Tras ser elegido sumo pontífice, Jorge Bergoglio tomó una determinación tajante. Según relató Karcher en una entrevista, el líder de la Iglesia le confió una frase reveladora: “Me tuvieron 76 años, ahora me toca servir al mundo”.
Esta declaración definió su misión global y explicó su negativa a visitar Argentina durante más de una década. Karcher, quien mantuvo un vínculo familiar con él por más de 30 años, entendió que no debía insistir. A los 76 años, Francisco decidió dejar de ser el arzobispo porteño para convertirse en el «párroco del mundo».
Un vínculo forjado en Buenos Aires
La relación entre ambos comenzó en 1992, cuando Karcher fue designado maestro de ceremonias en la Catedral Metropolitana. Desde ese momento, el trato entre ellos siempre fue sencillo y directo. Karcher recordó que el Papa solía bromear sobre su jerarquía con un tono cercano. La confianza era tal que el pontífice lo instruyó personalmente para atender a todos los argentinos que llegaban al Vaticano.
Francisco pedía recibir a todos por igual, sin importar su trayectoria política o social. «No me interesa conocer el currículum de ninguno», respondía el Papa cuando le presentaban listas de audiencias. Bajo este criterio, recibió tanto a figuras de la televisión como a vecinos comunes de barrio.
El trato con los presidentes y la mirada global
Karcher también rememoró los encuentros de Francisco con los mandatarios argentinos. Afirmó que Cristina Kirchner fue siempre bien recibida en la Santa Sede. Asimismo, recordó la visita de Javier Milei, a quien describió como «muy simpático» y con quien el Papa mantuvo un «trato cordial».
El legado de Francisco se centra hoy en la atención a las periferias y los problemas sociales globales. Karcher comparó su labor con la parábola del sembrador, destacando su capacidad para generar procesos nuevos en la Iglesia.




