El mundo de River Plate vive horas de profundo dolor tras conocerse la noticia de la muerte de Alfredo Davicce, uno de los presidentes más exitosos y recordados en la historia del club. El hombre que lideró la entidad desde 1989 hasta 1997, y que conquistó la Copa Libertadores en 1996, tenía 96 años.
“Lamentamos el fallecimiento de Alfredo Davicce, quien fuera Presidente de River entre 1989 y 1997, período en el que el Club consiguió 9 títulos. Acompañamos a sus familiares y seres queridos en estos momentos de dolor y tristeza”, confirmó la noticia River Plate en sus redes sociales.
Hace apenas unos años, Davicce protagonizó una histórica jornada con ex presidentes ”campeones de américa» al mando de River Plate junto con Hugo Santilli (1986) y Rodolfo D’Onofrio (2015 y 2018). “Yo pude ver a La Máquina, a (Carlos) Peucelle, a Adolfo Pedernera, a Chaplin (Félix Loustau). Gocé de toda esa época. ¡hasta lo conocí a Bernabé (Ferreyra)! Jugaba a la pelota paleta en la cancha de River y él cuidaba en ese momento la cancha. Así como a Walter Gómez, que la gente decía: ‘La gente ya no come para ver a Walter Gómez’. Todo eso fue una vivencia de años», recordó en aquel evento que se realizó en el Estadio Monumental.
Alfredo Davicce marcó una época de reconstrucción en River Plate
Cuando Alfredo Davicce ganó las elecciones presidenciales de River en diciembre de 1989, el recuerdo latente de la Copa del Mundo, la Copa Libertadores y el torneo local de 1986 —con la despedida de Beto Alonso— contrastaba con una dura realidad: una olla popular de empleados del club en la puerta del estadio, en medio de un país atravesado por un espiral inflacionario y una crisis explosiva. En ese contexto asumió la presidencia Davicce. Doce años después, sus logros se multiplicarían como un sello distintivo de una era dorada.
Más allá de los títulos logrados en esos años —incluido el tricampeonato inolvidable para la historia del club—, hubo un suceso y un proceso de trabajo que marcó la diferencia: la reconstrucción desde las fuentes y el orden como premisa.
La primera gran decisión de Davicce fue el regreso de Daniel Passarella como director técnico, y la segunda, la apuesta por Delem en las inferiores. Esa gestión generó una foto icónica años después: el propio presidente caminando delante, seguido por un grupo de chicos vestidos de River, entre los que estaban Hernán Crespo, Pablo Aimar, Ariel Ortega, Marcelo Gallardo y Matías Almeyda, por nombrar algunos. Esa fue su primera marca registrada.
Luego tuvo otro acierto al respaldar el crecimiento de esos juveniles ya en primera: repatrió a Enzo Francescoli, quien se había ido antes de poder ganar la Libertadores, y le dio una oportunidad —y sostén— a un Ramón Díaz entonces absolutamente inédito y vapuleado. Davicce primero terminó el ciclo de Babington y luego apostó firmemente por Ramón. No solo lo eligió: lo bancó en los peores momentos. El Pelado se convirtió así en el gran entrenador del River Show de esa época de supremacía absoluta.
Davicce también supo navegar la terrible crisis financiera del inicio de los 90, transitando con éxito tanto los tiempos de austeridad bajo Passarella como los años de opulencia con Ramón Díaz. En ambos escenarios logró reconocimiento y vueltas olímpicas. Pasó de una etapa en la que los jugadores estaban desesperados por irse a Europa a otra en la que las ofertas millonarias no los movían. Convivió con mucha cintura en tiempos tan disímiles, siempre con la misma calma y pausa.
No era un gran orador; incluso le costaba mucho hablar. Con el tiempo, ejercitó la pausa extrema en la interlocución, igual que en su forma de caminar. Su figura alta causaba un respeto profundo cuando avanzaba despacio por el pasillo del estadio rumbo al vestuario.
Seguramente estas líneas son injustas e incompletas para un presidente que dejó una impronta indeleble en la historia de River Plate. Pero bien vale recordar algunos de los hitos que sobresalieron en esa década del 90, en un River inolvidable que tuvo en Alfredo Davicce a su figura central durante más de diez años.




