Mónica Mancini, conocida en el mundo digital como @moni.datadeabuela, declaró ante la Justicia y brindó un testimonio escalofriante sobre el robo que sufrió en su casa de Martínez. La influencer de 82 años reveló que sus propios seguidores —en este caso, delincuentes que la monitoreaban— utilizaron la información de su cuenta de Instagram para planificar el ataque y torturarla psicológicamente.
El calvario comenzó el pasado 9 de enero, apenas horas después de que Mónica publicara una «historia» anunciando que había regresado de un viaje a Barcelona. Esa misma noche, los asaltantes ingresaron a su vivienda mientras ella dormía.
«Sabían todo de mí por Instagram»
Lo más impactante del relato de Mancini fue la forma en que los delincuentes utilizaron su fama digital como arma de presión. «Me decían: ‘Vos, la abuela de los videos, la que canta, cocina y hace poesías'», declaró ante el fiscal.
Incluso, uno de los atacantes le mostró su propio perfil de Instagram desde un celular para exigirle un collar específico que ella lucía en una foto. La vulnerabilidad de tener el perfil abierto fue la llave que los ladrones usaron para entrar en su vida privada: «Sabían todo por tener mi Instagram abierto, conocían mis movimientos», sentenció la mujer.
Amenazas con agua caliente y un escape agónico
El robo no solo fue patrimonial —se llevaron euros, efectivo y accedieron a sus cuentas bancarias— sino extremadamente violento. Mancini relató que la amenazaron con arrojarle agua caliente si no revelaba dónde escondía más valores.
Antes de huir, los delincuentes la dejaron atada de pies y manos. La abuela influencer tuvo que esperar hasta las 6 de la mañana para lograr soltarse y, arrastrándose por el pasillo, alcanzar un teléfono fijo para pedir auxilio.
La conexión con la «Banda del Millón»
La investigación judicial dio un giro alarmante al determinar que el asalto habría sido coordinado desde el interior de una cárcel por integrantes de la Banda del Millón, quienes daban instrucciones en tiempo real a los ejecutores en la casa de Martínez.
El caso de Mónica Mancini enciende una luz de alerta sobre la seguridad digital: cómo una publicación inocente sobre un regreso al país o una foto con una joya puede convertir a cualquier usuario en el blanco perfecto de organizaciones criminales que operan desde las sombras.



