Bajo el relato de una supuesta modernización de la defensa nacional, el Gobierno de Javier Milei acaba de formalizar un nuevo y millonario compromiso financiero que contradice su propia prédica de austeridad. El Departamento de Guerra de los Estados Unidos oficializó que la firma Top Aces Corp., con sede en Arizona, se adjudicó un contrato de 33,1 millones de dólares para la capacitación de los pilotos argentinos que operarán los cuestionados cazas F-16.
La cifra no solo es llamativa por su magnitud en un contexto de recortes a sectores sensibles como la educación y la salud, sino porque deja en evidencia las falsas promesas vertidas por el exvocero Manuel Adorni en abril de 2024. En aquel entonces, Adorni había asegurado que la formación de los pilotos se resolvería en apenas un año mediante la llegada de un simulador al país. Sin embargo, los documentos oficiales del Pentágono revelan una realidad mucho más costosa y lenta: el contrato de capacitación se extenderá hasta el 30 de junio de 2029, lo que significa que la cacareada «capacidad operativa independiente» de la Argentina es hoy solo un horizonte lejano y caro.
De acuerdo con lo verificado en los registros de ventas militares extranjeras de EE. UU., el esfuerzo fiscal para los argentinos será inmediato. De los 33 millones totales, este año se deberán pagar poco más de 22 millones de dólares a la empresa estadounidense. Este desembolso se destina a una aeronave cuyo diseño original se remonta a la década de 1970 y que Dinamarca ha decidido descartar para reemplazarlas por tecnología de última generación.
A la carga económica se suma el descontento que crece en el seno de las Fuerzas Armadas. El malestar radica en las condiciones de equipamiento de estas naves: trascendió que el Gobierno nacional habría aceptado las exigencias de Gran Bretaña para que los F-16 operen sin los radares necesarios para vigilar las Islas Malvinas. De confirmarse, el «rearme» que pregona el exministro Luis Petri no sería más que una compra de material condicionado por potencias extranjeras, limitando la soberanía que supuestamente se busca defender.
En los próximos días, una delegación de instructores de Top Aces aterrizará en el Área de Material Río Cuarto, en Córdoba. Mientras los técnicos extranjeros inician su labor en suelo nacional, el país se pregunta cómo se justifica semejante gasto en dólares para aviones de segunda mano y con radares «capados», mientras el resto de la administración pública se rige bajo la consigna de que «no hay plata».




