En la antesala del tratamiento de la reforma laboral en el Senado, el escenario para los trabajadores formales se presenta crítico. Según datos de la Secretaría de Trabajo basados en el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el empleo asalariado cayó por séptimo mes consecutivo en noviembre, tocando su punto más bajo desde junio de 2022.
El balance de los primeros dos años de gestión de Javier Milei muestra una sangría constante en los puestos de trabajo: en total, se destruyeron 294.400 empleos asalariados. Solo durante el mes de noviembre se perdieron 23.400 puestos, repartidos casi equitativamente entre el sector privado (13.100) y el sector público (13.000).
El retroceso de la industria y la construcción
La radiografía sectorial evidencia que la recesión ha golpeado con mayor saña a los dos grandes generadores de empleo: la construcción y la industria manufacturera. Entre ambos sectores concentraron la pérdida de 126.400 puestos de trabajo.
A diferencia de la construcción, que ha mostrado signos de estabilización en los últimos meses, la industria continúa en caída libre. Las bajas más pronunciadas se registraron en los sectores textil, metalmecánica y automotriz, reflejando el parate de la actividad productiva nacional.
Monotributo: el refugio ante la precarización
Como contracara a la destrucción del empleo en relación de dependencia, las estadísticas muestran un crecimiento sostenido de las categorías de monotributistas y trabajadores autónomos. En los últimos dos años, estas modalidades sumaron un incremento de 137.400 individuos.
Este fenómeno es leído por los analistas como un signo de mayor precarización laboral. Ante la imposibilidad de acceder a un empleo formal estable, miles de trabajadores se ven volcados al cuentapropismo y al autoempleo para sostener sus ingresos en un contexto de alta incertidumbre económica.




