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Deportes

Martín Mackey: “Los chicos no abandonan el deporte porque pierden; abandonan por el entorno que crean los adultos”

Un análisis disruptivo sobre la frustración, el aprendizaje y el rol de los adultos en el deporte juvenil e infantil.

Actualizado el: 26/02/2026 10:04 am
Hace 11 horas
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Martín Mackey es el hombre que llegó al deporte de élite para proponer que el entrenamiento es, en realidad, un acto de rebeldía docente. Exdirector de la UAR, arquitecto de procesos en Newell’s y Bahía Basket, y hoy líder deportivo del Jockey Club de Rosario, Mackey no busca trofeos aislados; busca sistemas.

Su tesis es disruptiva para un mundo muchas veces obsesionado con el «gimnasio y el resultado»: si el conocimiento no es patrimonio del club, el club no existe, solo habitan personas de paso. En esta entrevista, Mackey revisa los conceptos de éxito, fuerza y autoridad para reconstruirlos bajo la lupa de la pedagogía y la gestión institucional.


1. En tus publicaciones mencionas que el conocimiento debe dejar de ser «cerrado en las personas» para que la institución aprenda. ¿Cómo se rompe la inercia de los «feudos» de conocimiento en un club tradicional?

Se rompen cuando el conocimiento deja de ser poder y pasa a ser patrimonio institucional. Un club empieza a aprender cuando lo que sabe un entrenador no muere con él. En el Jockey Club de Rosario trabajamos mucho sobre esto: manuales escritos, reuniones interdepartamentales, lenguaje común y planificación compartida. El conocimiento no puede quedar encerrado en personas; debe transformarse en sistema. Cuando eso sucede, la institución crece más allá de los nombres propios.

2. Hablás de poner al atleta en el centro y no al entrenador como un manipulador de emociones. ¿Cuál es el primer paso para que un entrenador aprenda a «correrse» de ese lugar de protagonismo?

El primer paso es entender que enseñar no es solo hablar, sino provocar aprendizaje. Eso implica poner a los chicos en el centro del proceso; hacer preguntas antes que dar órdenes y, fundamentalmente, generar contextos de aprendizaje que combinen confianza y desafío. Cuando el entrenador comprende que su rol es crear el entorno, empieza a correrse naturalmente del protagonismo. El foco deja de ser “lo que él sabe” y pasa a ser “lo que ellos aprenden”.

3. ¿Cómo se define el éxito en una «organización que aprende»? ¿Son los campeonatos o es la solidez del proceso pedagógico?

El éxito real es la solidez del proceso pedagógico. Una organización que aprende mejora aunque no gane. Alinea criterios, da participación, reflexiona, documenta y revisa. Cuando desarrollamos y consolidamos un método, nos volvemos sostenibles. Y cuando el método es sólido, los resultados terminan llegando como consecuencia.

4. En Entrenando Movimientos ponés énfasis en la calidad de movimiento por sobre la carga. ¿Por qué creés que al entorno del deporte todavía le cuesta tanto priorizar la técnica por sobre el gimnasio pesado?

Porque la carga es visible y la técnica es silenciosa. En el rugby —y en muchos deportes— el peso impresiona. Pero en Entrenando Movimientos sostengo que la calidad de movimiento determina el techo del rendimiento. El entorno muchas veces confunde carga con progreso. Sin técnica, la fuerza se vuelve ineficiente y riesgosa. La fuerza es una cualidad física fundamental, pero si hablamos de sobrecarga, la clave no es cuánto peso levantamos, sino como lo hacemos.

5. Has mencionado que nos enfocamos mucho en acelerar, pero poco en frenar. ¿Cómo influye el «saber desacelerar» en la prevención de lesiones y en la mejora técnica real?

En el deporte hablamos mucho de acelerar: velocidad, potencia y explosividad. Y eso es importante. Pero en los deportes multidireccionales todo lo que se acelera se debe frenar, ya sea para detenerse o para cambiar de dirección. Si solo entrenamos la aceleración sin enseñar a frenar, es como manejar un auto con acelerador y sin freno: el riesgo es altísimo. La desaceleración tiene principios técnicos que deben enseñarse. Un jugador que sabe frenar controla su cuerpo; uno que solo acelera y no es estimulado técnicamente en cómo desacelerar, aumenta su riesgo de lesión y, además, se vuelve menos eficiente en desplazamientos multidireccionales. Desde la fisiología sabemos que el control excéntrico es determinante en la prevención de lesiones musculares y ligamentarias. Saber desacelerar es, en definitiva, saber dominar el movimiento.

6. Insistís en crear un «lenguaje propio» en las instituciones. ¿Qué importancia tiene que un chico de 13 años y un jugador de Primera división usen los mismos términos para describir un movimiento?

Porque el lenguaje crea identidad. Si un chico de 13 años y un jugador de Primera utilizan los mismos términos para describir un movimiento, el club tiene cultura. No se trata solo de palabras; se trata de coherencia metodológica. Un lenguaje común ordena el pensamiento, evita contradicciones y construye pertenencia. La institución deja de ser fragmentada y pasa a ser sistémica.

7. Tu biografía subraya tu rol como docente. ¿Sentís que el deporte de alto rendimiento ha olvidado que entrenar es, ante todo, un acto de enseñanza?

En parte sí. La obsesión por el resultado inmediato muchas veces eclipsa el proceso pedagógico. Pero entrenar es, ante todo, un acto educativo. Siempre. El alto rendimiento no puede renunciar a la enseñanza. El día que lo hace, pierde profundidad y se vuelve mecánico. Sin pedagogía, el entrenamiento pierde sentido formativo.

8. En Aprender a enseñar hablás de «entrenar el cerebro del jugador». ¿Cómo se diseña un ejercicio que no solo canse el cuerpo, sino que obligue a tomar decisiones bajo presión?

Un ejercicio inteligente tiene contexto, incertidumbre, tiempo limitado y toma de decisión. No alcanza con cansar. Hay que generar escenarios: superioridades, inferioridades, estímulos cambiantes y reglas que obliguen a pensar. Cuando el jugador se ve obligado a decidir, estamos entrenando su cerebro. El cuerpo ejecuta después del proceso decisorio. Y eso es lo que debemos entrenar: la capacidad de interpretar, elegir y actuar bajo presión.

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9. Decís que la motivación es el motor, pero el hábito es lo que sostiene. ¿Cómo manejan en el Jockey Club la frustración de los jóvenes cuando los resultados no llegan pero el proceso es el correcto?

En el deporte solemos hablar de la frustración como si fuera un enemigo, como si fuera una emoción negativa que debiéramos evitar. Pero la frustración, bien entendida, es profundamente educativa. Aparece cuando algo no sale como esperamos, y eso no es malo; es la señal de que estamos intentando crecer. El verdadero problema no es perder, sino no entender qué nos dejó esa derrota.

Muchas veces decimos que “los chicos se frustran porque pierden”, pero la pregunta más incómoda es: ¿quién se frustra realmente? ¿El niño, el entrenador o los padres? Un chico puede perder y querer volver a jugar al día siguiente. Lo que no tolera es un contexto donde el error se castiga, donde el resultado es lo único que se celebra y donde no entiende qué está aprendiendo. La derrota no expulsa; lo que expulsa es un mal ambiente de aprendizaje. Los chicos no abandonan porque pierden; abandonan cuando el contexto no los contiene, cuando no se sienten capaces, cuando no perciben progreso o cuando el adulto transforma cada error en una sentencia.

Nuestra responsabilidad como entrenadores no es evitar la frustración, sino ayudar a interpretarla. Como padres, no es proteger de la derrota, sino enseñar a atravesarla. Cuando el proceso está bien construido, la frustración no destruye: fortalece.

10. Recientemente mencionaste que «se entrena como profesional pero se vive como amateur». ¿Cómo se gestiona esa tensión en un club como el Jockey para evitar el agotamiento de los jugadores?

Ese equilibrio es clave. En un club amateur no podemos exigir como si el jugador viviera del deporte; tiene estudio, familia, trabajo y vida social. La clave está en organizar la carga, respetar los tiempos biológicos y no confundir compromiso con sobreexigencia. Si no cuidamos ese equilibrio, aparece el agotamiento y se pierde talento. La recuperación, el descanso, dormir bien y disponer de tiempo libre también forman parte del rendimiento. Si las actividades de la vida diaria no permiten recuperar, el proceso queda incompleto y eso reduce el rendimiento.

11. Has dejado manuales en cada institución por la que pasaste. ¿Qué estás escribiendo hoy para el futuro del Jockey Club Rosario?

Hoy estamos consolidando el modelo integral del club. Redactamos manuales pedagógicos por disciplina, definimos roles por puesto e indicadores de desempeño; generamos capacitaciones y espacios de debate para evitar competencias internas y favorecer la colaboración. Además, promovemos que hasta los 14 años los chicos puedan practicar dos o más deportes, porque entendemos el valor formativo del multideporte. Afortunadamente ya no soy el único que escribe. Entendimos que no planificamos solo para el presente; lo hacemos para que el sistema y el método continúen, se enriquezcan y trasciendan a las personas. Una institución crece cuando las personas pasan, pero el conocimiento queda.


Martín Mackey: El arquitecto de los sistemas deportivos

Martín Mackey es profesor de Educación Física, preparador físico y un reconocido especialista en gestión y metodología del entrenamiento. A lo largo de su carrera, ha logrado unificar el alto rendimiento con la pedagogía, bajo la premisa de que las instituciones deben ser dueñas de su propio conocimiento para trascender a los nombres propios.

Trayectoria Destacada

  • Unión Argentina de Rugby (UAR): Entre 2011 y 2016, fue el Director de Alto Rendimiento. Durante su gestión, diseñó y lideró el plan estratégico que profesionalizó la estructura del rugby argentino, estableciendo los Pladares y unificando el lenguaje técnico desde las bases hasta Los Pumas.
  • Newell’s Old Boys: En 2016, asumió como Director de Fútbol Infanto-Juvenil. Su llegada rompió moldes en el fútbol tradicional al implementar manuales de procedimiento, evaluaciones sistémicas y una formación integral que priorizaba el desarrollo del jugador por sobre el resultado inmediato.
  • Bahía Basket: Colaboró estrechamente con Pepe Sánchez en la organización del Dow Center, aportando su visión sobre la formación de jóvenes talentos en un entorno de alto desempeño.
  • Jockey Club de Rosario: Actualmente se desempeña como Director Deportivo de la institución, donde lidera un proceso de integración entre todas las disciplinas del club, fomentando el multideporte y la creación de manuales pedagógicos propios.
  • Asesor pedagógico de Polo University, la plataforma de capacitación virtual de la Asociación Argentina de Polo, que permitió a la institución contar con un conocimiento propio para transmitirlo a escuelas y jugadores de polo de todo el país.

Obra y Pensamiento

Mackey es autor de varios libros que hoy son material de consulta para entrenadores y dirigentes de diversos deportes:

  • Entrenando movimientos (énfasis en la técnica sobre la carga).
  • El arte de entrenar.
  • Pedagogías para el alto desempeño.
  • Aprender a enseñar (su obra más reciente, centrada en el rol docente del entrenador).

Su enfoque se resume en la «institucionalización del saber»: la convicción de que el éxito de una organización deportiva depende de la solidez de su sistema educativo y no de la inspiración momentánea de un entrenador de turno.

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