Hay silencios que aturden, y hay olvidos que matan. El pasado 19 de noviembre, el reloj de la vida de Gabriel Sebastián Palavecino se detuvo a los 32 años. No fue por una enfermedad inevitable, ni por un destino caprichoso. Gabriel murió porque quienes debían cuidarlo simplemente le dieron la espalda.
Este martes 30 de diciembre, a las 17:00 hs, el grito de «Justicia por Gabriel» recorrerá la calle Congreso al 600, frente a las instalaciones del Instituto Nacional de Deportes (IND), en pleno Barrio Sur de San Miguel de Tucumán. La consigna es clara: No más impunidad.
Una tragedia registrada en video
La frialdad de las cámaras de seguridad es desgarradora. Más de 30 lentes captaron el momento en que Gabriel, un joven con retraso madurativo que buscaba en la natación una mejora para su salud, ingresó al agua. Estuvo cinco minutos sumergido. Cinco minutos eternos en los que personas pasaban por el borde, otros nadaban cerca y la vida seguía su curso, mientras él se quedaba sin aire.
No hubo guardavidas del IND (o ex Valladares). El profesor especializado contratado para su cuidado, O.B., no apareció en el cuadro. «Sus pulmones prácticamente reventaron», relató con crudeza el abogado de la familia, Marco Rossi, tras conocer los resultados de la autopsia: asfixia por inmersión.

Del esfuerzo al abandono
Gabriel no era un número; era el nieto que una abuela hoy postrada crió con amor en Las Talas, Bella Vista. Era el hermano por el que se hacían esfuerzos económicos enormes para pagar un tratamiento digno. Gabriel hacía changas, viajaba en colectivo y soñaba con estar mejor.
Sin embargo, a pesar de las pruebas fílmicas y el dolor evidente, el natatorio sigue funcionando como si nada hubiera pasado. No hubo llamados de condolencias, no hubo pedidos de disculpas, ni una sola explicación oficial.
«Lo que tenía que mejorar su salud terminó llevándose su vida. No seguiremos tolerando esta negligencia ni de los natatorios ni de la justicia», reza el comunicado de la familia.
El pedido de justicia
La causa, bajo la órbita de la Fiscalía de Homicidios I, aún no presenta imputados. La familia teme que el tiempo diluya la responsabilidad de un acto que consideran un homicidio por abandono.
La marcha de esta tarde no es solo por Gabriel; es por cada tucumano que confía su seguridad a una institución y por cada familia que hoy siente que la vida de sus seres queridos no vale nada para quienes lucran con el deporte.
Tucumán se moviliza hoy para que esos cinco minutos de soledad absoluta bajo el agua no se repitan nunca más. Porque la presencia de cada vecino cuenta para romper el muro de silencio que hoy protege a los responsables.




