El ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a encender la polémica con la industria textil argentina al revelar detalles sobre su vestimenta personal. Durante una entrevista televisiva, el funcionario no solo defendió la apertura comercial, sino que confesó consumir habitualmente una marca europea que adquiere fuera del país: Massimo Dutti.
Consultado por el origen del saco que vestía, Caputo fue directo: “Lo compré en Estados Unidos”. El ministro describió a la marca como “relativamente buena y barata”, utilizándola como ejemplo para sostener su argumento de que la indumentaria importada ofrece mejores condiciones que la producida localmente bajo esquemas de protección. Para bajarle el tono al costo, agregó con ironía: “Este saco debe tener 15 años seguro, ya ni me acuerdo el precio”.
Guerra contra los precios textiles
Estas declaraciones se dan en un marco de tensión directa entre el Gobierno Nacional y las cámaras empresarias del sector. Caputo reiteró su postura crítica, calificando a la actividad textil como un emblema de la «protección prolongada» que termina perjudicando al bolsillo de los ciudadanos. «Nuestra función es tener empatía con los 47 millones de argentinos, no con un sector», remarcó el ministro.
Según la visión del titular de Hacienda, la política de apertura ya está dando frutos. Caputo aseguró que, desde el inicio de la gestión de Javier Milei, los precios de la ropa han bajado sustancialmente. Además, lanzó un dardo hacia los industriales: “En privado todos los empresarios textiles te reconocen que estaban caros”.
El «mea culpa» empresarial
Para respaldar sus dichos, el ministro citó en sus redes sociales a Marcelo Fernández, presidente de CGERA, quien admitió públicamente que el empresariado nacional manejaba precios elevados amparados en la falta de competencia externa del gobierno anterior.
Mientras el Gobierno insiste en que la competencia obligará a la industria nacional a ser más eficiente, desde el sector textil advierten por el riesgo que corre el empleo local ante la llegada masiva de productos importados. Sin embargo, para Caputo, el camino es irreversible: el objetivo es que el consumidor argentino deje de pagar «la ropa más cara del mundo».




