Lo que comenzó como una búsqueda desesperada por un posible secuestro o desaparición forzada terminó en el diagnóstico más crudo. El doctor Mario Sardón Traverso, director del Hospital Padilla, rompió el silencio con un parte médico que hiela la sangre: el comerciante de Famaillá ingresó con una hemorragia cerebral progresiva. El hombre de 74 años no se perdió por voluntad propia; su propio cerebro lo traicionó tras un golpe previo que lo mantuvo en un engañoso estado de normalidad antes del colapso.
La trampa del «intervalo lúcido»
El director del nosocomio explicó que Bueso sufrió un síncope y un traumatismo de cráneo días atrás, lo que generó un pequeño sangrado interno. Este cuadro clínico se conoce en la medicina como intervalo lúcido: un periodo donde el paciente parece estar bien, habla y se mueve con normalidad, mientras la sangre se acumula silenciosamente en la cabeza. Esta fue la «trampa» que provocó que el empresario de la óptica se desorientara por completo en la autopista, creyendo que estaba en el camino correcto cuando en realidad su conciencia se apagaba.
La situación se tornó crítica durante la noche del domingo. A las 22 horas, la estabilidad de Bueso se quebró y los médicos debieron conectarlo a un respirador artificial. Su condición de hipertenso y diabético complica cada minuto de atención, convirtiendo su recuperación en una carrera contra el tiempo. Actualmente, el paciente se encuentra en terapia intensiva con pronóstico reservado, luchando contra las secuelas de la hemorragia y una deshidratación que dejó su organismo al límite.
Una lección urgente para la tercera edad
Sardón Traverso fue tajante al advertir a las familias tucumanas sobre los peligros de subestimar los golpes en la cabeza. En pacientes de avanzada edad, un traumatismo que parece inofensivo puede evolucionar hacia una tragedia días después. El caso de Bueso es el ejemplo más extremo de cómo un «pequeño sangrado» puede derivar en una desaparición masiva, un despliegue de drones térmicos y, finalmente, una cama de hospital con asistencia mecánica respiratoria.
Mientras la justicia de Famaillá cierra el capítulo de la búsqueda, la familia Bueso inicia su propia guardia en el Hospital Padilla. La esperanza ahora depende de la respuesta neurológica de Luis a los tratamientos de urgencia. La provincia sigue con el corazón en la boca la evolución de un hombre que, por un golpe mal curado, terminó protagonizando la crónica policial más angustiante de lo que va del año.




