La investigación por el brutal asesinato de Érika Álvarez, de 25 años, suma elementos que refuerzan la hipótesis de un trasfondo ligado al narcotráfico. La joven fue golpeada hasta la muerte el martes 6 en un sitio que aún no fue determinado y su cuerpo apareció dos días después en un terreno baldío de Manantial Sur. En ese contexto, los investigadores intentan dilucidar qué relación existía entre Felipe “El Militar” Sosa, único detenido hasta el momento, y un hombre señalado como un presunto narco de peso.
Familiares y personas del entorno de la víctima aportaron datos clave sobre los vínculos que mantenía Érika. En sus relatos mencionaron a Jesús, su primera pareja, a quien responsabilizan por haberla introducido en el consumo de drogas; a Alejandro, con quien habría atravesado una relación marcada por episodios de violencia; a “Deivid”, un hombre con alto poder económico que frecuentaba en los últimos tiempos; y finalmente a Carlos, un extranjero que, según indicaron, se habría radicado en Tucumán para eludir causas vinculadas al tráfico de estupefacientes.
Ante este panorama, la fiscala María del Carmen Reuter ordenó investigar a cada una de estas personas y dispuso allanamientos en distintos domicilios. En paralelo, efectivos de la División Homicidios, bajo la conducción de los comisarios Emanuel Zamorano, Susana Montero y Carlos Díaz, avanzaron con entrevistas y toma de testimonios para reconstruir los últimos movimientos de la joven.
Si bien todos los declarantes negaron cualquier participación en el crimen, coincidieron en aportar información comprometedora sobre Carlos. Señalaron que Érika les había confiado que se trataba de un ciudadano paraguayo o brasileño con vínculos narcos, que contaría con pedidos de captura en varios países.
También indicaron que este hombre le entregaba marihuana en grandes cantidades, tanto para consumo como para su presunta comercialización. Según esas versiones, la joven habría recibido más de medio kilo de esa sustancia, cuyo valor en Tucumán oscila entre los 8.000 y 9.000 pesos por gramo.
Un perfil bajo sospecha
Con el correr de los días, surgieron nuevos indicios que reforzaron las sospechas sobre el misterioso Carlos. Los familiares de Érika aportaron detalles sobre su modo de vida: residía en viviendas alquiladas a nombre de terceros y se desplazaba en vehículos registrados a otras personas, una maniobra que, para los investigadores, habría tenido como fin evitar ser detectado.
Además, revelaron que el sospechoso le habría cedido una propiedad en El Cadillal para que la joven celebrara su último cumpleaños, en junio del año pasado. “Ese dato demuestra que existía un vínculo muy estrecho entre ambos”, confió una fuente ligada a la causa.
La declaración de un amigo de la víctima terminó de encender las alarmas. El joven relató que solía reunirse con Érika para consumir drogas y afirmó que Carlos sería un narcotraficante de relevancia, incluso vinculado a presuntos vuelos narcos que descargarían estupefacientes en la provincia. También aseguró que, en los últimos meses, la joven se mostraba extremadamente paranoica y que solía fotografiar las patentes de los autos y motos en los que se trasladaba mediante aplicaciones de transporte.
Las líneas de investigación
El móvil del crimen comenzará a esclarecerse en la próxima audiencia, cuando el fiscal Carlos Picón detalle la imputación contra Sosa, quien arribaría a Tucumán en las próximas horas bajo un fuerte operativo de seguridad.
Por el momento, los investigadores manejan tres hipótesis principales. Una de ellas sostiene que Érika habría sido asesinada durante una fiesta privada realizada en un lugar aún no identificado de Yerba Buena, con la participación de personas de alto poder adquisitivo y presuntos vínculos con el poder.
Otra línea apunta a que la joven había decidido alejarse del ambiente en el que se movía y abandonar las adicciones, una determinación que —según declaró su madre— podría haber puesto en riesgo a terceros ligados al narcotráfico.
La tercera hipótesis, considerada la más compleja de probar, plantea que la víctima habría retenido droga ajena o no entregado dinero correspondiente a la venta de estupefacientes.
Mientras tanto, sigue siendo una incógnita el rol que habría tenido Sosa en el hecho: si fue el autor material, si actuó por encargo o si colaboró de alguna manera. Las respuestas podrían conocerse en los próximos días, a medida que avance la causa.




