La vuelta de La Mona Jiménez a los escenarios cordobeses fue una mezcla de euforia cuartetera y preocupación. En un Complejo Forja que estaba hasta el techo para celebrar el Día de los Enamorados, el calor sofocante le terminó jugando una mala pasada al ídolo popular. Con la honestidad que lo caracteriza, Juan Carlos Jiménez Rufino tuvo que parar la música y lanzar una frase que dejó a todos helados: “Yo paro cinco minutos antes que me caiga”. El aire en el predio era irrespirable y el «Mandamás», a sus 75 años, sintió el impacto en medio de un show que ya era una caldera.
Un susto en medio de los clásicos
La noche había arrancado bien arriba. Con un traje rojo furioso, La Mona salió a comerse el escenario con “El enamorado” y “Goma de mascar”. Pero a medida que avanzaba la madrugada, el amontonamiento de gente y la falta de ventilación en el galpón de Forja hicieron que el oxígeno empezara a faltar. Durante el tema “Se fue”, el cantante interrumpió a la banda y pidió una silla: “Acá arriba me quedo sin aire, bol… Está faltando el oxígeno”, confesó ante una multitud que pasó del baile al silencio por el estado de salud de su ídolo.
La estrategia para salvar la noche
Lejos de tirar la toalla, La Mona demostró por qué es el dueño absoluto del escenario. Para poder seguir cantando sin ponerse en riesgo, decidió cambiar la dinámica del baile: en lugar del clásico descanso largo de media hora, hizo dos pausas más cortas de 15 minutos para hidratarse y recuperar los pulmones. Esa decisión fue clave para que el show no terminara en tragedia y pudiera completar su lista de hits, que incluyó joyas como “Señor juez” y “Amor fantasma”, ante la mirada de invitados especiales como el «Apache» Carlos Tévez.
Un final a pura garra
A pesar del susto inicial que se viralizó rápido por las redes sociales de los tucumanos que viajaron a verlo, el «Mandamás» se las ingenió para estirar la fiesta hasta las cinco de la mañana. Fue un regreso accidentado pero triunfal, donde el oficio del artista pudo más que el clima extremo. La Mona dejó en claro que, aunque el cuerpo avise que hay que parar, su compromiso con la gente es inquebrantable, cerrando una jornada que fue puro corazón en una noche cordobesa que no dio respiro.




