Kiki es una oveja nacida con discapacidad en una granja de Massachusetts. Su madre contrajo el virus del Valle de Cache durante el embarazo, lo que provocó malformaciones en su cría: articulaciones fusionadas y problemas en la columna. Incapaz de caminar, fue rechazada al nacer. La granja contactó al santuario Don’t Forget Us, Pet Us, en Dartmouth, donde Kerry Devlin, su cofundadora, la recibió con apenas 11 días de vida.
Desde entonces, Kiki se convirtió en un ejemplo de resiliencia. Aunque no puede moverse por sí sola, siente desde el cuello hacia abajo. El equipo del santuario intentó múltiples terapias sin éxito, hasta que Devlin cambió su enfoque: Kiki no estaba rota, solo necesitaba una nueva forma de vivir.
La clave fue descubrir que Kiki podía activar juguetes con la cabeza. Esto inspiró a Devlin a pensar en un sistema de movilidad que ella pudiera controlar. Con ayuda de voluntarios y asesoría de grupos de bicicletas eléctricas, contactaron a Mobility Equipment Recyclers of New England, una tienda especializada en sillas de ruedas.
Gracias a donaciones, adaptaron una silla motorizada con un cochecito de carga y una palanca accesible para Kiki. El resultado fue sorprendente: la oveja aprendió a conducir el carrito en segundos. Su primera salida fue el 1 de julio, durante el Mes del Orgullo por la Discapacidad, celebrado en el santuario que alberga a más de 40 animales con condiciones similares.
Desde que domina su carrito, Kiki vive una vida plena. Come, bebe, se asolea, toca música, ve series de Disney, escucha a Taylor Swift, baila, hace kayak y visita escuelas. Allí, conoce a niños con discapacidad que se sienten identificados con su historia.
“Construimos un mundo donde pudiera tener éxito”, explicó Devlin. “Ha impactado a muchas personas. Todos están fascinados con Kiki y su trayectoria”.
La historia de Kiki invita a reflexionar sobre la inclusión, la empatía y el poder de las segundas oportunidades. Su carrito no solo le da movilidad, sino también dignidad. Como demuestra con cada paseo, la discapacidad no impide vivir, aprender ni inspirar.