El 6 de diciembre de 2024, a las 4:10 de la madrugada, tres encapuchados descendieron de un vehículo frente a la sinagoga Adass Israel, en Ripponlea, Melbourne. Armados con un hacha, un bidón de combustible y un teléfono para registrar el hecho, iniciaron un incendio que destruyó gran parte del templo. Las cámaras de seguridad captaron cada movimiento, convirtiéndose en evidencia clave de una investigación que hoy involucra a actores internacionales.
Dentro del edificio se encontraban fieles que lograron escapar por una salida trasera. Un hombre sufrió heridas leves. Casi sesenta bomberos trabajaron durante una hora para controlar las llamas y evitar el colapso del edificio centenario.
Las imágenes del incendio en la sinagoga fueron difundidas por la Policía Federal y la Policía de Victoria en mayo de 2025. Según el gobierno australiano, detrás de los atacantes hay una estructura más compleja: los servicios de inteligencia rastrearon la financiación del atentado y señalaron a Irán como el origen.
El primer ministro Anthony Albanese vinculó este ataque y otro ocurrido en Sídney al régimen iraní. Como respuesta, Australia expulsó al embajador iraní y reforzó la seguridad en lugares de culto judíos. Irán negó las acusaciones y calificó la denuncia como infundada.
Avances judiciales y escalada de violencia
Younes Ali Younes, de 20 años, fue acusado por el incendio y el robo del vehículo utilizado. No declaró culpabilidad ni pidió libertad bajo fianza. En otro hecho, Angelo Loras fue detenido por un ataque similar en Melbourne. Ambos permanecen detenidos mientras avanzan las investigaciones.
La misma noche del incendio en Adass Israel, se registraron otros actos violentos: un restaurante israelí fue atacado, y varios vehículos fueron incendiados. Aunque no se ha probado un vínculo directo, el ministro del Interior, Tony Burke, reconoció
La sinagoga Adass Israel ya había sufrido un incendio en 1995. Desde el inicio de la guerra en Gaza, la seguridad en Ripponlea se había reforzado, pero nadie esperaba un ataque de esta magnitud. Benjamin Klein, miembro de la junta del templo, agradeció que el fuego estallara antes de la primera oración, cuando cientos de personas suelen reunirse.
Nueve meses después, las imágenes siguen siendo un recordatorio de la violencia. La comunidad judía espera respuestas concretas y garantías de que hechos como este no volverán a repetirse.