La lipidosis hepática felina, conocida como hígado graso en gatos, es la enfermedad hepática más frecuente en felinos domésticos. Según la veterinaria española Neus Candela, el consumo excesivo de productos ultraprocesados es una causa directa de este problema. Candela advierte que alimentar a carnívoros estrictos como los gatos con dietas ricas en carbohidratos contradice su biología y favorece el desarrollo de enfermedades hepáticas.
Este trastorno se manifiesta cuando el gato deja de comer o reduce drásticamente su ingesta calórica. Su cuerpo, al intentar obtener energía, moviliza reservas de grasa que el hígado no puede procesar eficientemente. El resultado: acumulación de lípidos en las células hepáticas y posible insuficiencia hepática.
Causas principales de la lipidosis hepática felina
Entre los factores que desencadenan el hígado graso en gatos se destacan:
-Dietas basadas en ultraprocesados ricos en carbohidratos
– Ayuno prolongado o pérdida de apetito.
– Obesidad y sobrepeso.
– Estrés por cambios en el entorno o nuevos animales en casa.
-Enfermedades subyacentes como trastornos gastrointestinales o endocrinos.
Además, Candela señala que la medicina veterinaria debería integrar conocimientos de la medicina humana, donde el vínculo entre ultraprocesados y enfermedades hepáticas está bien documentado.

Síntomas del hígado graso en gatos: señales de alerta
Los síntomas suelen aparecer de forma progresiva. Los más comunes incluyen:
- Falta de apetito persistente (anorexia).
- Pérdida de peso rápida y significativa.
- Vómitos, náuseas e hipersalivación.
- Letargo y deshidratación.
En etapas avanzadas, pueden surgir ictericia (coloración amarilla de piel y mucosas), convulsiones y agrandamiento del hígado. La mayoría de los gatos afectados presentan una reducción de peso corporal de entre el 25% y el 40% en pocos días.
Diagnóstico y tratamiento: cómo actuar a tiempo
El diagnóstico requiere un enfoque integral: historia clínica, examen físico, análisis de sangre y ecografía abdominal. La confirmación se realiza mediante citología o biopsia hepática.
El tratamiento se enfoca en restaurar el estado nutricional del gato. En casos graves, se requiere hospitalización, fluidoterapia y alimentación asistida con sondas. Las dietas deben ser ricas en proteínas, moderadas en grasas y complementadas con suplementos como L-carnitina, taurina y vitamina K.
Prevención: clave para una vida felina saludable
La prevención del hígado graso en gatos pasa por:
- Ofrecer una dieta adaptada a su biología carnívora.
- Evitar ultraprocesados y carbohidratos innecesarios.
- Mantener un peso corporal adecuado.
- Minimizar el estrés y los cambios bruscos en el entorno.
Candela concluye que solo mediante la educación y la prevención se puede garantizar una vida más saludable para los gatos domésticos. Además, conectar la medicina humana con la veterinaria abre nuevas herramientas para mejorar su bienestar.