Tras su asunción al frente de la Caja Popular de Ahorros, el nuevo interventor Guillermo Norry salió a cortar de raíz los rumores sobre posibles roces internos. En sus primeras horas de gestión, el funcionario fue tajante: aseguró que no existen conflictos con el personal ni con la Asociación Bancaria, y que su llegada busca fortalecer la institución mediante el diálogo y el respeto a la estructura actual.
Respaldo a los gerentes y fin de la incertidumbre
Norry reconoció que cualquier recambio de autoridades suele generar «incertidumbre y rumores» en los pasillos de una entidad tan grande. Por ello, su primera medida fue ratificar la confianza en los equipos técnicos y gerenciales de la Caja. El interventor explicó que ya se reunió con los responsables de cada área para garantizar la continuidad operativa.
«Son quienes tienen la experiencia y el conocimiento; nuestra intención es trabajar codo a codo con ellos», afirmó. Si bien no descartó realizar algunos ajustes puntuales en el organigrama, aclaró que cualquier cambio será funcional y no afectará la estabilidad de los trabajadores.
El vínculo con la Bancaria: «Son compañeros y amigos»
Uno de los puntos más sensibles de la intervención es la relación con el gremio conducido a nivel nacional por Sergio Palazzo. Al respecto, Norry desestimó cualquier hipótesis de enfrentamiento y apeló a su propia historia personal. El funcionario recordó su etapa sindical y destacó que mantiene una relación de amistad con muchos de los actuales referentes del gremio en Tucumán.
«No hay ningún conflicto con la Bancaria. Al contrario, me encontré con muchos amigos», señaló, subrayando que varios gerentes de la institución pertenecen al sindicato. Con este mensaje, el nuevo interventor busca sellar la paz social en una institución estratégica para el financiamiento y el desarrollo social de la provincia.




