Felipe Sosa, conocido como «El Militar», se encuentra hoy en el centro de una investigación por el homicidio de Érika Antonella Álvarez. Sin embargo, este no es su primer roce con la Justicia. Meses antes de ser detenido en Buenos Aires por el crimen de la joven estudiante de enfermería, Sosa había sido sobreseído en una causa federal por un sofisticado invernadero de marihuana hallado en su casa de Yerba Buena.
Un invernadero bajo la lupa federal
En junio de 2023, durante un trámite por una separación conyugal, las autoridades descubrieron en su domicilio de calle Frías Silva al 1300 una instalación profesional de cannabis. El lugar contaba con luces LED, filtros de carbono y una prensa hidráulica. En total, se secuestraron 162 plantas y 303 gramos de flores.
A pesar del excedente en las cantidades permitidas, el Juzgado Federal dictó su sobreseimiento en abril de 2025. El magistrado determinó que el cultivo tenía fines medicinales, ya que Sosa y otros dos implicados estaban inscriptos en el REPROCANN por patologías como ansiedad y cervicalgia. La Justicia consideró que el exceso de plantas era una infracción administrativa y no una prueba de comercialización.
El crimen de Érika Álvarez
La situación de Sosa cambió drásticamente el 8 de enero de 2026. Ese día, el cuerpo de Érika Álvarez, de 25 años, fue hallado en un basural de Manantial Sur. La joven había sido atada con nudos de alta complejidad y presentaba signos de violencia extrema. La investigación conectó rápidamente el hecho con la zona de Yerba Buena donde residía el imputado.
Tras una breve fuga, «El Militar» fue capturado en Pilar, provincia de Buenos Aires. Actualmente, Sosa cumple prisión preventiva en el penal de Benjamín Paz. Mientras la causa por homicidio avanza, sus antecedentes por el manejo de cultivos y herramientas profesionales vuelven a cobrar relevancia en el marco de las pericias policiales.





