Rosa, una mujer de 65 años que vive en Lomas de Zamora y atiende su propio kiosco, descubrió que alguien había solicitado 19 créditos bancarios por un total de nueve millones de pesos usando su identidad. Al intentar sacar una tarjeta de crédito, el banco le informó que ya tenía una cuenta activa. Rosa nunca había operado en esa entidad, lo que encendió las alarmas.
La investigación reveló que su propia hija había abierto la cuenta online usando el DNI y los datos biométricos de su madre. Durante meses, la joven gestionó préstamos personales, transfirió los fondos a otra cuenta y refinanció la deuda haciéndose pasar por Rosa. El banco nunca verificó correctamente la identidad, violando normas de seguridad financiera.
Cuando Rosa descubrió la estafa, denunció penalmente a su hija y al banco. La entidad se negó a asumir responsabilidad y exigió el pago de las cuotas. La mujer inició una mediación en Defensa del Consumidor y presentó pruebas que confirmaron la suplantación. Finalmente, un fallo judicial dictó una medida cautelar que frenó los cobros, suspendió la calificación negativa y ordenó rectificaciones ante el Banco Central.
El caso expone fallas graves en los controles bancarios y deja al descubierto el impacto emocional y económico de una estafa familiar. Rosa cortó relación con su hija y lucha por recuperar su estabilidad financiera y emocional.