La participación de Fernando Carrillo en el programa La mañana con Moria (El Trece) desató un fuerte escándalo mediático luego de que el actor venezolano lanzara una amenaza pública contra su exesposa, Catherine Fulop, al insinuar que posee videos íntimos de ella y que podría difundirlos.
El episodio se produjo en el marco del enfrentamiento que ambos mantienen desde hace tiempo por diferencias políticas vinculadas a la situación en Venezuela. Durante la entrevista, Carrillo defendió al gobierno de Nicolás Maduro y retomó viejos conflictos personales con la actriz, lo que derivó en declaraciones que generaron un inmediato repudio.
Previamente, Fulop había sido consultada por el actor y optó por no profundizar la polémica. “No le doy a ese personaje un ápice de mi bella vida. Amo a Moria, pero me estoy cuidando. A cada cochino le llega su 3 de enero”, expresó.
Sin embargo, la respuesta de Carrillo fue directa y controvertida. “Puedo sacar unos videítos que tengo por allí para que deje de hablar de mí, bien o mal. Aunque los videos que yo tengo para publicar se ve increíble, se ve bellísima”, afirmó en cámara. Si bien aclaró que nunca difundió ese material, advirtió que podría hacerlo si volvía a ser mencionado.
Las declaraciones provocaron un amplio rechazo en redes sociales y en distintos sectores, ya que la amenaza de divulgar material íntimo sin consentimiento es considerada una forma de violencia digital y puede encuadrarse dentro de delitos como la sextorsión, aun cuando la difusión no llegue a concretarse.
Durante la misma entrevista, Carrillo también lanzó descalificaciones personales contra Fulop, aseguró no mantener ningún vínculo con ella y la acusó de desconocer la realidad política de su país de origen, llegando a calificarla de “vendepatria”.
El actor extendió sus ataques a otras figuras públicas, entre ellas José Luis “El Puma” Rodríguez, a quien también amenazó con divulgar material audiovisual y le exigió disculpas públicas.
Las expresiones del ex galán de telenovelas reavivaron el debate sobre los límites de la exposición mediática y el uso de amenazas en conflictos personales, en un episodio que quedó marcado por una advertencia considerada grave y repudiable.



