El arquero Augusto Batalla decidió poner en palabras una de las etapas más difíciles de su vida personal y profesional: la depresión que atravesó mientras intentaba sostenerse en el fútbol de alto rendimiento. En una entrevista íntima, el actual guardameta del Rayo Vallecano relató cómo la presión, las expectativas incumplidas y la falta de herramientas emocionales lo llevaron a un proceso de aislamiento que afectó tanto su rendimiento deportivo como su vida cotidiana.
Formado en River Plate, Batalla recordó que desde muy joven se impuso objetivos ambiciosos que no logró cumplir del modo en que había imaginado. Si bien debutó en Primera y fue campeón, reconoció que no pudo consolidarse en el máximo nivel y que ese “fracaso”, medido en términos personales, lo marcó profundamente. La exigencia constante, los errores deportivos y la exposición pública terminaron erosionando su confianza y su bienestar emocional.

El arquero explicó que, en aquel contexto, comenzó a cerrarse sobre sí mismo. Perdió las ganas de entrenar, de relacionarse con su entorno y de disfrutar de la profesión que había soñado desde chico. Esa desconexión también se reflejó fuera de la cancha, generando un círculo vicioso que se agravó con problemas para dormir y conductas que, con el tiempo, afectaron aún más su rendimiento y su estado anímico.
Uno de los momentos más críticos se produjo cuando fue cedido a préstamo a un club pequeño de Chile. La distancia, la soledad y el contraste con el lugar que había ocupado poco tiempo antes en River lo llevaron a replantearse su vida más allá del fútbol. Fue entonces cuando decidió buscar ayuda profesional, rompiendo con los prejuicios que todavía existen en torno a la salud mental en el deporte.
Batalla remarcó que el trabajo psicológico fue determinante para iniciar su recuperación, acompañado por un equipo interdisciplinario y el sostén permanente de su familia, amigos y pareja. A partir de ese proceso, logró reconstruir su confianza, reencontrarse con el disfrute del entrenamiento y establecer un equilibrio que hoy se refleja en su presente deportivo.
Con mayor madurez y una mirada distinta sobre el éxito, el arquero aseguró que el camino recorrido le permitió crecer como persona y como profesional. Su testimonio vuelve a poner en agenda la importancia de la salud mental en el deporte, y deja un mensaje contundente: pedir ayuda a tiempo puede marcar la diferencia entre el encierro y la posibilidad de volver a empezar.




