La situación de la funcionaria judicial se complicó tras un exhaustivo análisis de las cámaras de seguridad. Los registros ubican a Gordillo en la vivienda de calle Santo Domingo al 1.000 durante la noche del crimen.
Según la reconstrucción de los investigadores, Sosa llegó al lugar con la víctima a bordo de una moto KTM. Minutos después, Gordillo ingresó a la propiedad. Lo más grave para su situación procesal es que, tras retirarse inicialmente, las cámaras registraron su regreso horas más tarde. Se cree que permaneció en la casa mientras Sosa realizaba maniobras para deshacerse del cuerpo de Érika.
El móvil del crimen: ¿Un triángulo amoroso?
El abogado de la familia de la víctima, Carlos Garmendia, aportó testimonios que sugieren una relación compleja entre los tres involucrados. Las hermanas de Érika declararon que la joven participaba de encuentros íntimos con Sosa y Gordillo, aunque aparentemente desconocía que la funcionaria era la pareja formal de «El Militar».
Además, se investiga un posible conflicto previo por redes sociales, donde la acusada habría insultado a la víctima. Este dato refuerza la hipótesis de un crimen motivado por un conflicto personal en el que Gordillo podría haber tenido una participación activa o un rol clave en el ocultamiento de pruebas.
Polémica por las demoras judiciales
El caso ha generado fuertes cruces políticos y judiciales. El gobernador Osvaldo Jaldo cuestionó públicamente la demora en el arresto, señalando que la Policía había solicitado la medida días antes. La causa ha pasado por las manos de cuatro fiscales diferentes en pocas semanas, lo que generó rispideces entre la fuerza policial y el Ministerio Público Fiscal por la supuesta falta de celeridad en las medidas clave, como el allanamiento de la moto utilizada en el hecho.




