La crisis ambiental en Argentina tiene su epicentro en el norte y las cifras de este último año son devastadoras. A pesar de los compromisos internacionales y las leyes vigentes, la pérdida de bosques nativos se profundizó de manera alarmante durante 2025, dejando cicatrices imborrables en el ecosistema. Según los datos procesados mediante imágenes satelitales, la región norte sufrió la pérdida de más de 210.000 hectáreas en el último año, lo que representa un incremento del 40% respecto a 2024. Esta superficie, que equivale a perder el pulmón verde del país a un ritmo frenético, tiene como principal responsable a la provincia de Santiago del Estero, que encabeza las estadísticas de destrucción.
El mapa del desmonte: cuatro provincias bajo fuego
Históricamente, el desmonte en Argentina se ha concentrado en el Gran Chaco Americano, pero la aceleración actual es crítica. El último informe de Greenpeace advierte que solo en Santiago del Estero se perdieron más de 51.000 hectáreas, seguida por Chaco, Salta y Formosa. Lo más grave de este escenario es la ilegalidad: en territorio santiagueño, el 80% de las topadoras trabajaron en zonas supuestamente protegidas por la Ley de Bosques. Esta avanzada no solo responde a la expansión de la frontera agropecuaria para la soja y la ganadería de exportación, sino también a la voracidad de los incendios forestales, que el año pasado arrasaron con una superficie comparable a cinco veces la Ciudad de Buenos Aires solo en estas cuatro provincias.
Un desastre que va más allá de los árboles
La deforestación no es solo un número frío en un informe ambiental; es una crisis que golpea directamente la vida de las comunidades. Hernán Giardini, referente de Greenpeace, advierte que Argentina ya se ubica entre los 15 países con mayor pérdida de bosques a nivel global. El impacto se siente en las inundaciones cada vez más recurrentes, la pérdida de biodiversidad y el desplazamiento forzado de familias campesinas e indígenas que ven desaparecer su hogar y su sustento. Mientras el país se comprometió ante el mundo a alcanzar la «deforestación cero» para el año 2030, la realidad en el territorio muestra que las topadoras y el fuego avanzan mucho más rápido que las políticas de protección.
El peligro de la flexibilización legal
En un contexto donde la crisis climática exige mayor rigor, los especialistas miran con preocupación los intentos de flexibilizar normativas clave como la Ley de Bosques y la Ley de Glaciares. La destrucción de estas hectáreas no solo libera gases de efecto invernadero que agravan el calentamiento global, sino que destruye fuentes esenciales de agua y medicina natural. Con el 2030 a la vuelta de la esquina, el norte argentino se encuentra en una encrucijada: o se prohíbe y sanciona penalmente la destrucción del bosque nativo, o el compromiso de deforestación cero será recordado simplemente como una promesa vacía mientras el monte sigue desapareciendo.




