Lo que debía ser una contundente demostración de unidad en el Consejo Federal de Inversiones (CFI) terminó en una cita trunca. La liga de gobernadores no logró concretar el quórum necesario este miércoles 4 de febrero para fijar una postura común ante la reforma laboral y los cambios en el impuesto a las Ganancias. Esta falta de acuerdo expone una grieta estratégica entre los mandatarios. Mientras el bloque peronista liderado por el pampeano Sergio Ziliotto presionaba por compensaciones directas, los sectores dialoguistas de Juntos por el Cambio optaron por la cautela para evitar una confrontación directa con la Casa Rosada.
La tensión fiscal se concentra principalmente en la caída de la recaudación por Ganancias, un impuesto coparticipable que afecta las arcas provinciales. Mandatarios del norte como Gustavo Sáenz, Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil advirtieron que no están dispuestos a seguir resignando fondos y propusieron alternativas como coparticipar el impuesto a los combustibles o al cheque. En la misma sintonía, Rolando Figueroa de Neuquén subrayó que estos recursos son vitales para sostener la infraestructura y las rutas en el interior del país, dejando claro que el margen de negociación es escaso.
Desde el Poder Ejecutivo Nacional, la respuesta ante los reclamos provinciales fue tajante. Mientras se negocian los votos clave en el Senado, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, lanzó una frase que recalentó el clima político al afirmar que los estados provinciales deben «ir adelgazando». El mensaje del Gobierno de Javier Milei es contundente: no habrá nuevas transferencias ni compensaciones sin un ajuste estructural previo en el gasto de los distritos. De esta manera, el debate en el Senado definirá no solo las leyes laborales, sino también el rumbo financiero de las provincias para el resto de 2026.




