El rugby tucumano atraviesa uno de los momentos institucionales más complejos de los últimos años. Históricamente protagonista en el plano deportivo y con fuerte influencia política en el rugby argentino, hoy la Unión de Rugby de Tucumán (URT) enfrenta cuestionamientos internos, pérdida de representación nacional y señales claras de desorden dirigencial.
La gestión encabezada por Javier Budeguer quedó en el centro de las críticas por decisiones unilaterales, falta de consensos y un retroceso evidente en los espacios de poder.
Un golpe político: Tucumán perdió la vicepresidencia en la UAR
La confirmación de que Tucumán dejó de ocupar la vicepresidencia segunda en la Unión Argentina de Rugby (UAR) marca un antes y un después. Ese cargo, que durante años estuvo en manos de Marcelo Corbalán Costilla, garantizaba presencia directa en la mesa ejecutiva donde se definen calendarios, recursos, políticas de alto rendimiento y estrategias para el rugby del interior.
Hoy, ese lugar fue ocupado por Jaime Barba, mientras que el representante tucumano pasó a un rol secundario, sin acceso permanente al núcleo de decisiones.
Durante la gestión de Corbalán Costilla, Tucumán no solo tenía voz, sino capacidad de incidencia concreta: respaldo a clubes, protagonismo en el Regional del NOA, participación activa en el Torneo del Interior y articulación directa con el alto rendimiento. La diferencia, advierten dirigentes, es política, económica y estratégica.
En el ambiente del rugby se señala que la conducción actual de la URT no logró sostener alianzas ni construir acuerdos duraderos, y que la imposición de nombres sin consenso terminó marginando a Tucumán de los espacios clave.
Arbitraje en crisis y una renuncia que expuso el conflicto
La pérdida de peso nacional se combina con un frente interno aún más delicado: el arbitraje. A horas de la final del Regional del NOA 2025 entre Natación y Gimnasia y Tucumán Rugby, el entonces presidente de la Comisión de Árbitros, Matías Pascual, presentó su renuncia indeclinable.
En su escrito denunció injerencia dirigencial en la designación de referees y advirtió que no podía garantizar imparcialidad en esas condiciones. La modificación de una designación técnica por parte del Consejo Directivo marcó un quiebre institucional inédito en la previa de una final.
El problema, sin embargo, es estructural. A semanas del inicio del campeonato Anual, la URT debe cubrir cerca de 80 partidos por fin de semana sin una estructura arbitral consolidada. Aunque se prometió superar los 100 árbitros activos, en la práctica no hay boletines actualizados ni una comisión formalmente organizada. La falta de recambio obliga a varios referees a dirigir múltiples partidos, muchos de ellos superando ampliamente los 45 o 50 años, sin políticas claras de cuidado físico.
Disciplina, violencia y decisiones cuestionadas
El deterioro institucional también se refleja en el manejo disciplinario. Durante la última temporada se registraron reiterados episodios de violencia dentro y fuera del campo de juego. El caso más resonante fue la sanción a Tucumán Rugby por cánticos contra la Unión y contra Natación y Gimnasia y dirigentes históricos.
La pena inicial fue luego modificada y reconfigurada, en medio de cuestionamientos por criterios cambiantes, informes demorados y resoluciones poco claras, lo que profundizó la sensación de desorden.
En este contexto se incorporó a la comisión de disciplina el abogado Martín Ortiz de Rosa, ex árbitro de alto nivel, en un intento de profesionalizar el área. Su llegada fue bien recibida por varios clubes, aunque también expone otra contradicción: Tucumán pierde un referee activo de jerarquía en plena crisis arbitral.
Asamblea postergada y conducción sin rumbo claro
La reciente asamblea extraordinaria, postergada desde diciembre de 2025, terminó de consolidar la percepción de improvisación. Se eligieron consejeros suplentes sin balances presentados en tiempo y forma y con cuestionamientos por perfiles ajenos a la tradición del rugby local.
Reuniones demoradas, cargos definidos sobre la marcha y ausencia de planificación contrastan con la mayor organización que muestran las estructuras del alto rendimiento y la franquicia profesional.
Un desafío urgente para recuperar liderazgo
El rugby tucumano sigue siendo competitivo dentro de la cancha, pero aparece debilitado en los escritorios. Dirigentes y referentes advierten que valores históricos como el respeto, la transparencia y el compromiso colectivo están siendo erosionados por internas y decisiones personalistas.
La pérdida de la vicepresidencia en la UAR es solo la señal más visible de un proceso más profundo. El desafío para la conducción actual es claro: ordenar la casa puertas adentro, recuperar credibilidad y reconstruir liderazgo antes de que el retroceso en la consideración nacional sea aún mayor.




