La investigación por el asesinato de Érika Antonella Álvarez está lejos de terminar. Así lo aseguró Carlos Garmendia, abogado de la familia de la víctima. Para el letrado, mientras no se defina el móvil del crimen, la causa seguirá abierta. Según la fiscalía, a la joven la mataron a golpes en una casa de Yerba Buena. El hecho ocurrió durante una reunión donde se habrían consumado excesos con drogas y encuentros sexuales.
Posteriormente, los responsables trasladaron el cuerpo hasta un descampado en Manantial Sur. Personal de la SAT encontró los restos mientras realizaba tareas de limpieza. Hasta el momento, la justicia procesó a dos personas por este brutal hecho.
Los principales sospechosos y su situación
Felipe “El Militar” Sosa, exintegrante del Ejército y la Legión Extranjera, es el principal acusado de homicidio simple. La policía lo capturó en Buenos Aires cuando intentaba huir al extranjero con su pasaporte. Por otro lado, la justicia imputó a Justina Gordillo, expareja de Sosa. A ella se la acusa de ocultar el cuerpo y ayudar al sospechoso en su fuga.
Garmendia cree que Gordillo podría «quebrarse» y confesar la verdad pronto. El abogado espera que esto suceda cuando identifiquen a otros dos hombres que participaron en la reunión. Según la querella, las pruebas contra Sosa son abrumadoras pese a los esfuerzos de su defensa.
La estrategia de la defensa de Sosa
Los defensores de «El Militar», Marcelo Cosiansi y Rubén Flores, rompieron el silencio mediante un comunicado. Los abogados indicaron que el episodio ocurrió en un contexto de «excesos y desorganización». Aseguran que la dinámica de los hechos todavía se encuentra bajo investigación. Para la defensa, no se deben sacar conclusiones apresuradas sobre lo ocurrido aquella noche.
Garmendia opinó que estos dichos forman parte de una estrategia defensiva lógica. Sin embargo, insistió en que todavía queda mucho por averiguar en el expediente oficial.




