La investigación por el homicidio de Érika Antonella Álvarez sumó un nuevo y relevante capítulo tras la declaración de Justina Gordillo, quien brindó su testimonio por primera vez desde que permanece detenida en el penal de Delfín Gallo.
La exposición fue realizada a través de sus defensores, Camilo Atim y María Florencia Abdala, y si bien no modificó su situación procesal, fuentes vinculadas a la causa indicaron que sus dichos agravaron el cuadro judicial de Felipe Sosa, conocido como “El Militar”, único imputado por el crimen.
El avance de la causa
El cuerpo de Álvarez fue encontrado el 8 de enero en un descampado del barrio Manantial Sur. Una semana después, Sosa fue detenido en Pilar y trasladado a Tucumán, donde fue imputado por homicidio simple y se le dictó prisión preventiva por seis meses.
Desde el inicio, los investigadores sostienen que el acusado no habría actuado solo y que contó con ayuda para ocultar el cuerpo y eliminar pruebas. En ese marco, y tras el análisis de cámaras de seguridad y otros elementos, la Policía detuvo a Gordillo en un country de Yerba Buena, donde residía.
El rol de Justina Gordillo
Gordillo, empleada judicial de la Superintendencia de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán, fue imputada por presuntamente colaborar en el ocultamiento del cuerpo, la eliminación del teléfono celular de la víctima y la facilitación de la fuga del acusado. Aunque se estableció que no participó de manera directa en el homicidio, se le dictó prisión preventiva por tres meses.
Su declaración, mantenida bajo reserva durante varios días para no interferir en la investigación, aportó datos sobre las horas previas y posteriores al crimen. En primer lugar, negó haber participado de un encuentro sexual junto a Álvarez y Sosa, versión que había circulado en etapas iniciales de la causa. Confirmó que la noche del hecho cenó con el imputado y luego regresó a su domicilio.
Los registros de cámaras indicaron que Gordillo se retiró del lugar pasada la medianoche. En cambio, se determinó que la víctima llegó al domicilio alrededor de las tres de la madrugada a bordo de un servicio de Uber. Aún no fue identificada la mujer que habría ingresado al lugar con Sosa cerca de las 21 horas de ese mismo día.
Datos que agravan al imputado
Durante su exposición, Gordillo relató que el miércoles 7 Sosa se comunicó con ella para pedirle ayuda, alegando que una joven se había descompensado, aunque luego le aseguró que la situación estaba controlada. También afirmó que las personas señaladas como ocupantes de un Chevrolet Corsa gris eran vecinos del acusado y que no estuvieron con ellos esa noche.
Uno de los puntos más sensibles fue la entrega a la fiscalía de un listado de personas que habrían tenido contacto con Sosa antes de que ocultara el cuerpo. Las identidades se mantienen en reserva, aunque trascendió que podrían tratarse de empleados de sus empresas o personas vinculadas a la concesionaria donde adquirió la motocicleta utilizada para huir a Buenos Aires.
Gordillo reconoció además haber estado en la vivienda del imputado después del crimen, aunque aseguró no haber notado situaciones irregulares. Sin embargo, declaró haber visto a Sosa entregar un teléfono celular rosa a un allegado. También mencionó que el acusado mantenía relaciones paralelas con distintas mujeres, varias con problemas de adicción, y sostuvo que él mismo le habría confesado haberse dedicado a la venta de éxtasis, dato ya señalado previamente por la familia de la víctima.
Situación procesal
La declaración fue realizada en calidad de imputada y no de testigo, por lo que Gordillo no está obligada legalmente a decir la verdad. Sus dichos son analizados por el fiscal Pedro Gallo, quien por el momento no dispuso cambios en su situación procesal.
Fuentes judiciales indicaron que la defensa solicitará en las próximas horas una audiencia para pedir su excarcelación o, en su defecto, el arresto domiciliario, mientras continúa el avance de una causa que sigue sumando elementos y mantiene en vilo a la opinión pública tucumana.




