La Maratón de Reyes Magos de Aguilares dejó este fin de semana una de las postales más emotivas del verano tucumano. Entre cientos de corredores y corredoras que participaron de la tradicional competencia, una figura se robó todos los aplausos: Doña Irma, una vecina de 87 años que cruzó la meta y, lejos de detenerse, celebró bailando.
Su presencia no pasó desapercibida. Mientras muchos atletas buscaban mejorar marcas personales, Doña Irma corrió por algo más profundo: demostrar que la edad no es un límite cuando hay voluntad, ganas y amor por la vida.
Una carrera contra los prejuicios
Paso a paso, con ritmo constante y una sonrisa firme, Doña Irma recorrió el circuito ante la mirada emocionada del público. Cada metro fue una lección silenciosa sobre perseverancia y coraje.
Su participación no fue solo un gesto deportivo, sino un mensaje que atravesó generaciones: el movimiento es vida, y la vida no se mide en años sino en actitud.
Vecinos, familiares y otros competidores la acompañaron con aplausos y palabras de aliento hasta que cruzó la meta, donde fue recibida con una ovación.
Un final que conmovió a todos
Lejos de mostrar agotamiento, Doña Irma celebró su logro con un pequeño baile que rápidamente se volvió viral entre quienes estaban presentes. Ese gesto espontáneo sintetizó el espíritu de la jornada: alegría, superación y amor por la vida.
La Maratón de Reyes Magos volvió a ser una fiesta del deporte, pero también una celebración del espíritu humano. Y Doña Irma, con 87 años, fue la gran protagonista.
Su historia dejó una enseñanza simple y poderosa: nunca es tarde para animarse, nunca es tarde para moverse, y nunca es tarde para seguir soñando.




