El consumo en supermercados y almacenes atraviesa una transformación profunda. Ya no predominan las compras mensuales o quincenales cargadas de productos: hoy los clientes priorizan reposiciones pequeñas y frecuentes, en un contexto donde el poder adquisitivo sigue ajustado y la inflación en alimentos continúa impactando.
Así lo describió Fernando Savore, vicepresidente de la Federación Nacional y la Confederación General Almacenera, quien aseguró que el nuevo escenario modificó tanto la conducta de los consumidores como la dinámica interna de los comercios.
“La gente ya no hace esta compra quincenal, mensual o semanal. Compra lo justo”, explicó.
Hipermercados vs. almacenes: quién gana en el nuevo esquema
Savore relativizó la idea de que las grandes cadenas sean las principales beneficiadas del actual esquema económico.
“Los hipermercados pueden decir lo que digan, pero los indicadores no son eso”, sostuvo. Según detalló, mientras en noviembre los hipermercados registraron una caída de 2,4 puntos, los almacenes crecieron un 9%.
El dirigente también destacó un cambio en la estrategia comercial de los negocios de cercanía. “Ya no tengo mercadería en el depósito más que para la reposición de la semana”, señaló. A diferencia de años anteriores, cuando se acumulaba stock para anticiparse a aumentos bruscos, hoy —aunque los incrementos persisten— no se dan con la misma agresividad.
El avance imparable de los pagos digitales
Uno de los cambios más notorios es la digitalización de las operaciones.
“De cada 10 clientes, 8 pagan con un formato virtual”, afirmó Savore. Tras la pandemia, el esquema se invirtió por completo: antes el 70% de las transacciones se realizaba en efectivo y el 30% de manera digital; hoy la proporción es exactamente al revés.
El fenómeno no sólo modificó la relación con los clientes, sino también con los proveedores. “Si querés venir a bajarme tapa de empanada, tenés que aceptar que te pague con el dinero que tengo en el teléfono”, ejemplificó, en referencia a transferencias y pagos con QR.
Para el dirigente, adaptarse es indispensable. “El comerciante que hoy quiera sólo recibir dinero en efectivo no va a vender nada”, advirtió. Además, destacó que la digitalización aporta mayor formalidad: “Todo lo que se vende está en blanco”.
Inflación en alimentos: subas constantes
En cuanto a los precios, Savore describió enero como un mes de ajustes generalizados. “Fue un mes de una peinada de precios”, graficó.
Entre los aumentos mencionó:
- 2,5% en lácteos,
- más de 3% en alimentos envasados,
- 5% en fiambres,
- 6% en productos de limpieza e higiene personal.
Para febrero anticipó nuevos incrementos del 2,7% en lácteos, lo que implica una suba acumulada superior al 5% en apenas dos meses. “Es todo plata que se le va además a la gente”, señaló, al sumar el peso de tarifas y transporte en el presupuesto familiar.
Jubilados y tecnología: una adaptación acelerada
Savore también remarcó que los adultos mayores lograron adaptarse rápidamente al uso de billeteras virtuales.
“Aprendieron, aprendieron”, afirmó. Incluso destacó el impacto de promociones bancarias como las de Cuenta DNI, que ofrece descuentos del 20% los viernes y concentra una fuerte participación de jubilados.
Un consumo más fragmentado y digital
Menos compras grandes, más reposiciones pequeñas, depósitos con menor stock y predominio de pagos virtuales: el comercio minorista refleja un consumidor más cauteloso y digitalizado.
Mientras los precios continúan ajustándose y el bolsillo se achica, el mostrador del almacén vuelve a ganar protagonismo, aunque en un contexto donde cada peso cuenta y cada operación queda registrada en el celular.




