Justina Gordillo rompió el silencio ante el fiscal Pedro Gallo. La mujer imputada por encubrimiento detalló su relación con Felipe Sosa, el principal acusado del crimen de Érika. Según su relato, vivió dos años marcados por la violencia, las adicciones y el morbo. «Fui muy ingenua y le perdoné varias cosas», confesó durante la audiencia.
Un noviazgo marcado por las adicciones
Gordillo explicó que Sosa ocultaba su consumo de drogas al principio de la relación. Con el tiempo, el acusado admitió su adicción a la cocaína y la marihuana. La imputada describió cambios bruscos en la personalidad de su pareja. «Primero era un amor y, al rato, me contestaba mal», relató ante la Justicia.
La noche del asesinato, la pareja tuvo una fuerte discusión. Sosa la habría insultado por mostrarse cansada tras su jornada laboral. Gordillo intentó terminar la relación esa misma madrugada mediante un mensaje de texto. Sin embargo, el acusado la convenció de quedarse bajo la promesa de abandonar las drogas y mejorar su trato.
«Era morboso»: relaciones paralelas y manipulación
La declaración reveló que Sosa mantenía vínculos con varias mujeres al mismo tiempo. Gordillo mencionó nombres como Cecilia, Gimena y «Anto», quien sería la víctima. Según la imputada, muchas de estas mujeres buscaban al acusado para obtener estupefacientes. Además, denunció conductas perversas de Sosa, quien intentó mostrarle videos íntimos con otras personas.
Gordillo negó conocer a Érika antes del trágico desenlace. Ella aseguró que Sosa siempre le hablaba de otras chicas en un contexto «morboso» para provocar su enojo. Actualmente, la mujer está acusada de ayudar a eliminar el celular de la víctima y facilitar la fuga del imputado tras el femicidio.




