La investigación por el salvaje asesinato de Erika Antonella Álvarez sumó capítulos de alta tensión en las últimas horas con la captura de dos nuevos sospechosos. Bajo la lupa del fiscal Pedro León Gallo, las fuerzas de seguridad lograron poner tras las rejas a Nicolás Augusto Navarro Flores y a Jorge Orlando Díaz, conocido en el bajo mundo como “Chicho”. Con estos movimientos, la causa ya cuenta con cuatro personas a disposición de los tribunales, desnudando lo que parece ser una estructura de colaboración detrás del femicidio.
La detención de Navarro Flores no fue un trámite sencillo, ya que el sospechoso intentó escapar en una frenética persecución vehicular que terminó recién en la calle La Rioja al 100, donde fue acorralado por los efectivos. En el lugar, el Equipo Científico de Investigaciones Fiscales logró secuestrar teléfonos y dispositivos electrónicos que podrían ser la caja de Pandora de las comunicaciones previas al hallazgo del cuerpo. Por otro lado, el arresto de «Chicho» Díaz se concretó en un allanamiento silencioso al despuntar el alba en su domicilio, sumándose así a la lista de implicados que ya integraban el principal acusado, Felipe Sosa, y la empleada judicial Justina Gordillo, señalada por un encubrimiento doblemente agravado.



El expediente reconstruye un escenario de violencia extrema ocurrido entre la madrugada del 7 de enero y la mañana del 8 en la zona de Yerba Buena. Según la autopsia, Erika fue masacrada mediante una fuerza física precisa que le causó múltiples traumatismos antes de que sus restos fueran descartados en un basural de El Manantial Sur. El macabro detalle de las bolsas de consorcio atadas con nudos especiales sugiere una logística que no habría sido obra de un solo hombre, razón por la cual la situación de los nuevos detenidos es seguida de cerca por la querella.
En las próximas horas, Navarro Flores y Díaz deberán sentarse frente al juez para la formulación de cargos, donde se revelará qué rol jugaron en el traslado del cuerpo o en el ocultamiento de pruebas. Mientras tanto, el secuestro de la tecnología en manos de los nuevos arrestados promete arrojar luz sobre los nexos que unen a Sosa con este grupo y si existió una coordinación previa para ejecutar el ataque o para intentar borrar las huellas del horror que terminó con la vida de la joven de 26 años.



