Las brochas de maquillaje son herramientas fundamentales en la rutina de belleza diaria. Sin embargo, su limpieza suele pasarse por alto, lo que puede afectar tanto la salud de la piel como la calidad del maquillaje. ¿Qué sucede si no se higienizan correctamente? ¿Cómo hacerlo de forma efectiva? ¿Cuándo conviene reemplazarlas?
Según expertos como Mayo Clinic y la Asociación de la Academia Americana de Dermatología, limpiar las brochas de maquillaje después de cada uso es esencial para evitar infecciones, brotes de acné y otros problemas cutáneos. Además, mejora la aplicación de los productos y prolonga la vida útil de los accesorios.
Riesgos de usar brochas de maquillaje sucias
Las brochas acumulan residuos de maquillaje, células muertas, grasa, polvo y bacterias. Esta combinación puede provocar irritaciones, infecciones como E. coli o estafilococos, y brotes de acné. Por otro lado, la acumulación de pigmentos altera los colores y la textura del maquillaje, generando manchas o acabados poco naturales.
Además, las esponjas de maquillaje requieren aún más atención. Al absorber humedad y producto, son propensas a desarrollar moho si no se lavan y secan correctamente.

Paso a paso para limpiar brochas y esponjas
La limpieza no requiere productos costosos, sino constancia y técnica. Los pasos recomendados incluyen:
- Enjuagar las puntas bajo agua tibia sin mojar la base del cabezal.
- Aplicar jabón neutro o champú suave en la palma o guante exfoliante.
- Frotar en círculos hasta que aparezca espuma.
- Enjuagar nuevamente hasta eliminar todo residuo.
- Secar con toalla y dejar en posición horizontal.
Es importante no compartir brochas y lavarlas cada 7 a 10 días. Las esponjas, en cambio, deben limpiarse tras cada uso y secarse por completo antes de guardarlas.
Cuándo cambiar las brochas de maquillaje
Aunque una buena higiene prolonga su vida útil, las brochas también se desgastan. Señales como mal olor, moho, cerdas abiertas o deformadas indican que es momento de reemplazarlas. Si causan irritación o pierden suavidad, conviene retirarlas del uso diario.
La limpieza constante y la revisión del estado de las brochas no solo cuidan la piel, sino que también aseguran un maquillaje más uniforme y profesional. Además, evitan gastos innecesarios por reemplazos prematuros.