El reloj corre y la desesperación aumenta. Ya pasaron más de 72 horas desde que se perdió el contacto con Salvador Álvarez Cano, el joven de 32 años oriundo de Yerba Buena que desapareció en plena cordillera neuquina. A pesar del megaoperativo de búsqueda que despliega la policía de dos provincias y brigadistas de Parques Nacionales, el terreno no devuelve respuestas y el paso del tiempo se vuelve el peor enemigo.
Un escenario que desconcierta a los rescatistas
La búsqueda comenzó tras un hallazgo que hiela la sangre: el auto de Salvador, un VW Gol blanco, fue encontrado a la vera de la Ruta 237 con el baúl abierto, las llaves puestas y sus zapatillas tiradas a un costado. Desde ese momento, el paradero del tucumano es un enigma absoluto.
«Salva estaba viajando hace un mes, conoce la zona y es escalador», explicó su pareja, Ailín Scalella. Sin embargo, la mayor preocupación radica en que Salvador necesita medicación diaria. El paso de las horas sin sus dosis aumenta el riesgo de que sufra una desorientación severa en un entorno de montaña que no perdona errores.

El operativo contra reloj en la montaña
Personal de la Policía de Neuquén y Río Negro, junto a equipos de rescate, peinan centímetro a centímetro las inmediaciones de Villa Traful y el paraje Confluencia. La búsqueda se realiza en zonas de difícil acceso, donde la geografía cordillerana dificulta las tareas de rastrillaje.
«Es un chico muy sociable, posiblemente si se cruzó con alguien haya entablado conversación», recordó Ailín, aferrándose a la esperanza de que alguien lo haya visto. Salvador mide 1,80 m, es delgado, usa lentes y tiene tatuajes en los brazos. Mientras en Tucumán la comunidad de Yerba Buena se moviliza en redes sociales, en el Sur el operativo continúa sin descanso, sabiendo que cada minuto que pasa es vital para encontrarlo con vida.





