El fútbol a veces es injusto, pero lo de anoche en Alta Córdoba rozó lo escandaloso. Atlético Tucumán hizo el gasto, aguantó los trapos y hasta lo empató con el alma, pero entre los fallos de Fernando Espinoza y una desatención en el último suspiro, terminó cayendo 2-1 ante Instituto. Una derrota de esas que queman, especialmente cuando el equipo lleva días concentrado lejos de casa.
El «Show» de Espinoza y la furia de los jugadores
El partido cambió cuando el árbitro, fiel a su estilo polémico, cobró un penal que solo él vio. Eso empinó la cancha para el equipo de Hugo Colace. Tras el partido, Lautaro Godoy no se guardó nada: «Es increíble, juegan con tu trabajo. Venimos haciendo un viaje largo, nos cuidamos, trabajamos toda la semana y te hacen esto. Es feo», disparó el volante que entró por el lesionado Leandro Díaz.
Por su parte, el DT Colace prefirió la cautela para evitar sanciones, aunque tiró un mensaje entre líneas: «Lo del árbitro déjenlo para el análisis de ustedes. En el entretiempo logramos tranquilizarnos porque es difícil jugar de esa manera».
Lo mejor: el pibe de la casa
En medio de tanta amargura, hubo una luz de esperanza para el pueblo decano. Carlos Abeldaño, el juvenil de 20 años, marcó su primer gol oficial en su segundo partido como titular. «Es como un hijo para mí», confesó Colace, orgulloso de la perseverancia del delantero que promete darle muchas alegrías al club.
Autocrítica y la revancha a la vuelta de la esquina
Renzo Tesuri, uno de los referentes, prefirió mirar hacia adentro: «No podemos echarle la culpa al árbitro; tenemos que saber que teníamos que dar un poco más para llevarnos algo de Córdoba». Además, le mandó un mensaje al hincha que está cansado de los traspiés de visitante: «Se los entiende, nosotros no venimos pensando en perder. Dejamos todo».
El Decano no tiene tiempo para llorar sobre la leche derramada. Sigue en Córdoba y este martes a las 21:30 tendrá una nueva batalla, esta vez contra Belgrano en el Gigante de Alberdi. Es la oportunidad perfecta para sacudirse la bronca y enderezar el barco.




