Durante años, el Perito Moreno fue el “glaciar milagro”. Mientras el mundo contemplaba el derretimiento de los grandes hielos, esta joya de la Patagonia se mantenía firme, casi inmutable, como si el calentamiento global no pudiera contra él. Su frente colosal se quebraba en bloques que caían al lago con estruendo, sin grandes cambios en su estructura. Hasta ahora.
Un artículo del New York Times publicado este jueves encendió las alarmas: el Perito Moreno comenzó a perder espesor a un ritmo acelerado desde 2019, según reveló un estudio publicado en la revista Communications Earth & Environment. La investigación, liderada por el geógrafo alemán Moritz Koch, advierte que este debilitamiento podría derivar en una pérdida de estabilidad estructural, con consecuencias catastróficas.

Lo que más preocupa a los científicos es que el glaciar, hasta ahora, se mantenía firme porque una parte de su base estaba apoyada sobre el fondo del lago. Pero si sigue perdiendo hielo, podría despegarse y empezar a flotar. Ese cambio lo dejaría mucho más vulnerable y podría acelerar su desintegración. Sería un punto de no retorno.
El Perito Moreno -un coloso de hielo de 32 kilómetros de largo, eje del Parque Nacional Los Glaciares y Patrimonio de la Humanidad- siempre fue considerado una anomalía: su geografía permitía equilibrar la pérdida de masa con la acumulación de nieve. Hoy, ese equilibrio pende de un hilo.
Koch y su equipo utilizaron tecnología de radar transportada en helicóptero para medir el espesor del glaciar, tras años de preparación y recolección de datos en condiciones climáticas extremas. El análisis satelital mostró que la pérdida de masa comenzó a acelerarse sin una causa clara, lo que preocupa aún más a la comunidad científica.
Bethan Davies, experta en glaciología de la Universidad de Newcastle sostuvo: “Los glaciares pueden recuperarse si bajan las temperaturas y nieva más. Pero eso solo será posible si dejamos de agregar dióxido de carbono a la atmósfera”, advirtió.
El Perito Moreno, ese coloso azul que parecía intocable, empieza a ceder. Y con él, se derrite también la idea de que aún existen rincones inmunes al avance del cambio climático.