La ciudad de Nueva Trinidad, localidad de Río Chico atraviesa horas de profunda conmoción tras conocerse la muerte de Florencia del Valle Sosa, quien se quitó la vida luego de haber sido intensamente buscada y hallada con vida días atrás en el sur tucumano. El caso generó un fuerte impacto social y reabrió el debate sobre la exposición pública y los ataques en redes sociales en situaciones de extrema vulnerabilidad.
Florencia había sido reportada como desaparecida el pasado 12 de febrero, lo que motivó un amplio operativo de búsqueda encabezado por la Unidad Regional Sur. En los rastrillajes participaron efectivos de Infantería, Bomberos, Patrulla Motorizada y la División Canes, que recorrieron distintos puntos del sur provincial ante la creciente preocupación de familiares y vecinos.
Finalmente, el viernes 13 de febrero alrededor de las 18.30, la mujer fue localizada cuando arribaba al domicilio de su padre, en el paraje Santa Rosa, localidad de Nueva Trinidad, departamento Simoca. De acuerdo al parte policial, presentaba un cuadro de shock y principio de hipotermia, con la ropa mojada y embarrada, por lo que fue trasladada de inmediato al hospital de Aguilares para recibir atención médica.
Tras confirmarse su aparición con vida, el caso tomó una fuerte dimensión pública, especialmente en redes sociales, donde comenzaron a circular publicaciones, comentarios y especulaciones sobre lo ocurrido. Lejos de cesar, la exposición se intensificó y, según relataron personas de su entorno, derivó en burlas, acusaciones y mensajes ofensivos que profundizaron su estado de vulnerabilidad.
En ese contexto, en las últimas horas se confirmó que Florencia se quitó la vida, noticia que generó un profundo dolor en la comunidad. Una publicación que se viralizó bajo la consigna “La condena social también mata” sintetizó el sentimiento de muchos vecinos y allegados, y abrió un debate colectivo sobre el impacto emocional que pueden provocar los discursos de odio, la estigmatización y la presión social ejercida desde las plataformas digitales.
La tragedia sacudió a Aguilares y volvió a poner en agenda la necesidad de abordar con mayor responsabilidad la difusión de casos sensibles, así como la importancia del acompañamiento psicológico y social en situaciones críticas. Mientras la comunidad intenta procesar lo ocurrido, el caso deja interrogantes abiertos sobre los límites de la exposición pública y el rol de las redes sociales frente al dolor ajeno.




